NotMid 15/07/2026
Opinión NotMid
Venezuela se enfrenta hoy a un desafío titánico: una doble reconstrucción.
Por un lado, la institucional; por el otro, la física.
Aunque ambas corren por carriles paralelos, existe una jerarquía ineludible: la reconstrucción institucional es la condición de posibilidad de la física.
Dos fechas, dos realidades
La ventana de transición que se vislumbró tras los acontecimientos del 3 de enero ya planteaba un escenario propio de un posconflicto.
El reto inicial consistía en diseñar un mapa de ruta basado en acuerdos, negociaciones y la construcción de un nuevo marco de reglas de juego.
Sin embargo, el panorama dio un giro drástico el 24 de junio.
El sismo en el área metropolitana de Caracas y el Litoral no redefinió la naturaleza del problema, pero sí disparó su escala a niveles superlativos.
No es que antes no tuviéramos que reconstruir el país físico; es que ahora la urgencia nos golpea la cara.
El diagnóstico bajo los escombros
Para entender la magnitud de la tarea, basta con mirar el agua. Antes del terremoto, la red de agua potable en el Litoral ya operaba a un precario 40% de su capacidad. Hoy, con las cuadrillas aún removiendo escombros y los grifos secos, el daño real es incalculable.
Levantar este sistema —y garantizar que las aguas servidas no terminen directamente en nuestras costas— requerirá de:
Capital financiero: Inversiones millonarias y sostenidas.
Capacidad técnica: Maquinaria pesada y personal calificado.
Planificación estratégica: Proyectos a mediano y largo plazo.
Pero, por encima de todo, requerirá reglas claras y transparentes. Sin un marco jurídico confiable, ningún plan de ingeniería pasará del papel.
Y esta misma ecuación se replica en otras áreas críticas que el sismo terminó de fracturar:
Vialidad y transporte: Conectividad comprometida y vías colapsadas.
Servicios básicos: Redes eléctricas y de gas doméstico en estado crítico.
Vivienda: Una emergencia habitacional que ahora exige soluciones inmediatas y seguras.
Primero los cimientos, luego las paredes
El terremoto ha venido a amplificar la crisis, no a cambiar su diagnóstico. La reconstrucción que Venezuela necesita sigue siendo, antes que nada, de carácter institucional.
Bajo esta premisa, cobra especial relevancia la hoja de ruta presentada ayer por la AN de 2015. Priorizar el fortalecimiento de las instituciones democráticas, las garantías políticas y el sistema electoral no es un capricho burocrático; es la zapata sobre la que se construirá todo lo demás.
El orden de los factores aquí sí altera el producto: Redefinir las reglas del juego y rescatar la institucionalidad (lo que pasa obligatoriamente por elecciones libres) tiene que ocurrir ahora, no después.
Si intentamos levantar la infraestructura física del país sobre los cimientos políticos equivocados, la obra no tardará en volver a caerse.

