En la anhelada, clamorosa, emocionante, visita de los Reyes ayer, donde hubo tantas lágrimas como aplausos, sobró el acto del cementerio musulmán, porque supone admitir que fue un problema humanitario, como quiere Sánchez, y no una invasión militar, como el propio Sánchez ha confesado
NotMid 14/10/2026
OPINIÓN
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS
El intento de sabotear la visita de los Reyes a Ceuta como hizo el quinquilino monclovita anteayer, contando que lo de Marruecos ha sido y sigue siendo una invasión militar en toda regla -con barcos de guerra que, en aguas españolas, aseguraban la invasión de los 100.000 delincuentes a la indefensa ciudad-, muestra, una vez más, la infinita maldad de este sujeto que no ha sabido nunca gobernar y tampoco sabe dejar de hacerlo. La foto del Rey con los jefes de los tres ejércitos y la ministra de Defensa, todos de uniforme y ella tapizada de butaca, toma, a la luz de esa descarada confesión delictiva, un aspecto dramático, de rehenes de uniforme. Porque eso ha sido la cúpula militar desde que Sánchez entregó Ceuta y se fue de vacaciones, esos «días tensos», con la cabeza valerosamente bajo el agua.
Con lo que no contó Sánchez es con que él podía entregar una ciudad, pero la ciudad no iba a entregarse sin lucha. Y que los españoles, hasta los que no sabían dónde está Ceuta, iban a sentir como propia esa invasión. En la anhelada, clamorosa, emocionante, visita de los Reyes ayer, donde hubo tantas lágrimas como aplausos, sobró el acto del cementerio musulmán, porque supone admitir que fue un problema humanitario, como quiere Sánchez, y no una invasión militar, como el propio Sánchez ha confesado. Pero entiendo que ese ha sido el precio de que finalmente les dejaran viajar. Y, viendo el resultado, nadie lo verá excesivo, aunque moralmente lo sea. Ahora falta que la Princesa de Asturias aterrice con su helicóptero en el campo de fútbol de la AD Ceuta, que no puede entrenar por los invasores.
En la noche del 29 de noviembre sabremos, y toda precaución con el Doctor Fraude es poca, si España puede formar un Gobierno que reconstruya las instituciones, empezando por las tres esenciales, además de la Justicia: Ejército, Guardia Civil y Policía. Y si tomamos en serio, como debemos, la gravedad de la situación, hay que saludar que Bardella, que puede ser en primavera primer ministro de Francia -el obstáculo diplomático tradicional-, apoye la defensa de la frontera sur de Europa, la nuestra. PP y Vox deben reconstruir, sin tiempo para reproches merkelianos o putinejos la red de alianzas que España necesita, y Sánchez ha destruido, entregado al Cártel de Puebla, Pekín, Moscú y Rabat.
Hay dos preguntas que Feijóo repite y Abascal también: por qué Sánchez no actuó cuando conoció la invasión marroquí y quién dio la orden de matar a la juez que instruía el caso de su hermano. Sin esas respuestas, no habrá Gobierno duradero ni esperanza en España. Tampoco en Ceuta.

