NotMid 20/04/2026
Opinión NotMid
Es momento de hablar sin eufemismos: el chavismo atraviesa una crisis de liderazgo terminal. La imagen de Delcy Rodríguez ejerciendo la presidencia “mientras tanto y por si acaso” no es una señal de continuidad, sino un síntoma de parálisis. En la cúpula saben que reconocer la falta absoluta de Maduro y convocar a elecciones hoy equivaldría a una paliza electoral histórica.
La “marramucia” constitucional
La estrategia parece clara: maniobrar con el reloj en la mano hasta que declarar la falta absoluta sea constitucionalmente inoficioso. Su meta es cruzar la barrera del 10 de enero de 2029, entrando en los últimos dos años del período, para que ella asuma directamente el mandato sin pasar por las urnas.
Intentar que el país acepte a una suplente por la que nadie votó —mientras el titular está ausente o preso— durante lo que queda de 2026, y la totalidad de 2027 y 2028, es una insensatez. Es como pretender rodar desde Caracas hasta Santa Elena de Uairén usando un caucho de repuesto. Esa solución de emergencia no solo es precaria, sino que termina por socavar la propia construcción de Delcy como figura política.
Liderazgo nítido frente al dolor disperso
A diferencia del régimen, la acera democrática ha resuelto el dilema del liderazgo. Lo ocurrido recientemente en Madrid no fue un evento más; fue la constatación de un liderazgo que galvaniza, convoca y moviliza.
A menudo nos preguntamos por qué regímenes como el iraní no caen a pesar del rechazo social. La respuesta es compleja, pero tiene una arista clave: la falta de una cabeza unificadora. Los movimientos de liberación —y el venezolano ya lo es, sin matices— requieren de un liderazgo nítido para triunfar.
”Reconocer el liderazgo de María Corina Machado no es un acto de devoción, sino de madurez política. Negarlo o minimizarlo es mezquindad disfrazada de análisis” Más que una “oposición”
A estas alturas, el término “oposición” se queda corto.
Estamos ante un movimiento transversal que desborda los márgenes institucionales que la dictadura intenta imponer. María Corina no es la dirigente típica de una democracia convencional porque Venezuela no es una democracia convencional. Ella encabeza un movimiento de liberación que ha comprendido la naturaleza real del conflicto.
Es una paradoja cruel: el chavismo, que durante años se jactó de ser el único intérprete del sentir popular, es hoy el principal obstáculo para que ese pueblo se exprese. El régimen no teme a las actas, teme a la decisión soberana. En su desesperación por sobrevivir, han dado señales de estar dispuestos a entregar incluso la soberanía nacional a cambio de permanencia.
La bandera de la libertad
La tarea de este movimiento es sostener la bandera más simple y, a la vez, la más radical del momento: Elecciones libres ya.
El destino de Venezuela no puede seguir sujeto a los remiendos de una cúpula que se sabe perdida. Que el pueblo hable y que la nación recupere su rumbo.
Feliz y productiva semana para todos.
