NotMid 17/04/2026
IberoAmérica
Las revoluciones americanas parecen habitar con más comodidad en el pasado que en el presente, quizás porque la actualidad no hace más que constatar su derrumbe. En una escena que evoca tiempos de Fidel Castro, Miguel Díaz-Canel compareció ante una muchedumbre movilizada y vestido de verde oliva para conmemorar el 65 aniversario del carácter socialista de la revolución.
“El momento es sumamente desafiante; nos convoca a estar listos para enfrentar amenazas, incluida la agresión militar. No la queremos, pero es nuestro deber estar preparados para ganarla”, clamó el mandatario. Su discurso responde a la escalada de tensión con Estados Unidos, acentuada tras las polémicas declaraciones de Donald Trump, quien sugirió una posible intervención en la isla: “Quizá hagamos una parada en Cuba cuando terminemos con esto [Irán]”.
Negociaciones en la sombra
Mientras la retórica oficial se radicaliza, en los despachos el pulso es distinto. El Departamento de Estado, liderado por Marco Rubio, mantiene contactos con el entorno de Raúl Castro —específicamente con su nieto y jefe de escoltas, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, “El Cangrejo”—. El objetivo parece ser una transición hacia reformas económicas que prescindan de la figura de Díaz-Canel, un esquema que recuerda a la operación política ensayada en Venezuela con Delcy Rodríguez.
Récord de represión interna
Sin embargo, lejos de la diplomacia de pasillo, el régimen ha optado por blindarse mediante el castigo. Según el último informe de Prisoners Defenders (PD), Cuba ha alcanzado un nuevo y sombrío récord: 1.250 prisioneros políticos, tras sumar 44 detenciones en marzo.
La cifra incluye a 145 mujeres y 33 menores, un dato inédito en la historia de la revolución. “Los arrestos masivos en La Habana y Ciego de Ávila confirman el patrón de una tiranía en guerra contra un pueblo indefenso”, denunció Javier Larrondo, presidente de PD.
La negación de la realidad
Pese a las evidencias, Díaz-Canel negó categóricamente ante la cadena NBC la existencia de presos de conciencia, tildando las acusaciones de “mentiras y calumnias”. Esta postura ha sido duramente rebatida por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), que ha documentado un aumento sistemático de los malos tratos en las cárceles: desde traslados a celdas de castigo y privación de alimentos, hasta el uso de presos comunes para agredir a los disidentes políticos.
Agencias

