NotMid 12/04/2026
Ciencia y Tecnología
La misión Artemis II llega a su fin. Tras orbitar nuestro satélite natural, los cuatro astronautas emprenden el regreso a casa. Aunque su estancia en el espacio ha sido breve —apenas 10 días, frente a los 180 que promedian los residentes de la Estación Espacial Internacional (EEI)—, el tiempo ha sido más que suficiente para que la microgravedad y las fuerzas de aceleración dejen una huella profunda en sus organismos.
1. El desafío musculoesquelético
El sistema óseo y muscular es una de las mayores prioridades para los médicos de la NASA. En ausencia de gravedad, el cuerpo inicia un proceso de “ahorro” drástico: se estima que la masa muscular puede reducirse hasta un 20% en solo 15 días.
- Atrofia selectiva: Los músculos más afectados son los llamados antigravitatorios (cuádriceps, espalda y pantorrillas), que en la Tierra trabajan constantemente para mantenernos erguidos.
- El estirón espacial: Sin la presión del peso corporal, los discos intervertebrales se expanden. Esto provoca que los astronautas ganen entre 5 y 7 centímetros de estatura, un efecto llamativo pero temporal que desaparece al volver a la gravedad terrestre.
- Huesos más frágiles: La salud ósea también sufre; se calcula una pérdida de mineralización de hasta un 2% mensual, especialmente en las extremidades inferiores.
2. Caos neurológico y sensorial
En la Tierra, el oído interno nos indica qué es “arriba” y qué es “abajo” gracias a los otolitos, pequeñas estructuras que detectan el movimiento y la posición. En el espacio, este sistema de navegación falla.
Esta desconexión sensorial provoca el Síndrome de Adaptación Espacial, que se manifiesta con náuseas, mareos y desorientación durante los primeros tres días. Además, la redistribución de fluidos aumenta la presión intracraneal, lo que puede derivar en cefaleas intensas y visión borrosa debido a la presión sobre el nervio óptico.
3. El sistema cardiovascular bajo presión
Al llegar al espacio, los astronautas experimentan un fenómeno similar a estar boca abajo: la sangre y los líquidos corporales se desplazan hacia la parte superior del cuerpo. Este efecto, conocido como “cara de luna llena”, produce un edema facial visible en las retransmisiones.
El corazón, el motor de este sistema, también se adapta a la ley del mínimo esfuerzo:
- Al no tener que bombear contra la gravedad para llevar sangre desde los pies a la cabeza, el músculo cardíaco trabaja menos.
- Como consecuencia, el corazón puede llegar a perder hasta un 15% de su volumen.
Podríamos decir que a los astronautas se les encoge el corazón tras su viaje, aunque después de haber visto la superficie lunar tan de cerca… ¿a quién no le pasaría lo mismo?
Agencias

