NotMid 03/05/2026
Editorial NotMid
A pesar de la ausencia de Nicolás Maduro en el epicentro del poder, el paisaje venezolano permanece inalterado. Lo que The New York Times describe como una parálisis sistémica encuentra su explicación en una advertencia reciente del senador Rick Scott: la figura de Delcy Rodríguez no representa una ruptura, sino la pieza de continuidad de una estructura que ha erosionado las bases de la nación.
La realidad es esquiva a los optimismos superficiales. Con el paso de los días, se hace imperativo intensificar la presión —tanto interna como diplomática— para forzar cambios estructurales. Sin una hoja de ruta nítida, cualquier intento de transición corre el riesgo de naufragar en la retórica de la postergación.
El reciente desplante de Rodríguez ante la urgencia democrática —resumido en un vago y cínico “algún día”— no es una anécdota, sino una estrategia. Es la táctica de una dictadura que intenta seducir a la administración Trump con la falsa estabilidad de un autoritarismo pragmático, mientras busca dilatar el retorno a la institucionalidad.
Ante este escenario, el silencio es una concesión que el país no puede permitirse.
La convocatoria liderada por María Corina Machado para este domingo trasciende la protesta; es un ejercicio de reconstrucción de la ciudadanía frente al atropello.
Participar es enviar un mensaje inequívoco al mundo: la democratización no es negociable ni postergable.
Para Venezuela, el futuro tiene que ser hoy; mañana ya es tarde.

