NotMid 24/07/2026
IberoAmérica
La esperanza y el duelo cohabitan en la ‘zona cero’ del doblete sísmico cuando se cumple un mes y se contabilizan 1.463 réplicas desde la gran tragedia. En torno a un árbol, a los pies de las toneladas de escombros de lo que fueron las torres de la Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales (OPP) 25, en Tanaguarenas (estado La Guaira), se ha levantado un altar improvisado con peluches, juguetes, cochecitos, fotografías y diplomas escolares.
Lágrimas, recuerdos y oraciones se entremezclan para que no se olvide nunca a quienes perdieron la vida el Día de San Juan, cuando la tierra tembló primero con una magnitud de 7,2, resquebrajando edificios, agrietando los suelos y provocando el pánico. Cuando parecía calmarse segundos después, regresó con más fuerza, alcanzando los 7,5 de magnitud, para reventar buena parte de lo que quedaba en pie, colapsando 190 edificaciones y afectando con gravedad a otras 856.
En su último parte, el Gobierno sólo reconoce 5.398 víctimas mortales, 16.740 heridos y 17.907 damnificados, cifras que generan profunda desconfianza en un país que perdió hace años la fe en la revolución. Según la iniciativa civil Desaparecidos del Terremoto de Venezuela, un mes después no se ha establecido contacto con 29.483 personas, mientras centenares de damnificados buscan todavía hoy a sus seres queridos bajo las montañas de cemento. Distintas fuentes de los cuerpos de seguridad consultadas por este periódico temen que la cifra final de fallecidos se establezca entre 15.000 y más de 20.000.
En las horas previas al aniversario, el Banco Mundial hizo pública su estimación de daños materiales directos, valorados en más de 19.600 millones de dólares, divididos en edificios residenciales (9.300 millones), infraestructuras como hospitales y escuelas (5.200 millones) y edificios no residenciales (5.000 millones).
“Yo logré sobrevivir, pero he perdido a 11 familiares cuando se cayó la torre. Sólo hemos podido sacar siete cuerpos; yo ayudo como puedo a los rescatistas, pero el asma no me deja. Unos vivían en el piso cuatro, otros en el piso ocho. Cinco son niños. No me iré de aquí hasta que encontremos a todos”, asegura con tanto cansancio como determinación José Fontes, de 58 años. Está sentado junto al altar de los juguetes, donde destaca un muñeco de ‘Superbigotes’ —el superhéroe que Nicolás Maduro nunca fue— y otro de ‘SuperCilita’, la primera combatiente, representados decaídos y derrotados ante el juez de la corte neoyorquina el pasado miércoles.
Hay Barbies, Lilos y Stichs, el Tigger de Winnie Pooh, Minnie Mouse y hasta un muñequito famoso hace años en Venezuela por una cadena de comida rápida estadounidense. Un coche rojo y un barquito amarillo pertenecen al sobrinito de Fontes, lo que le otorga fuerzas para seguir en su cruzada familiar, compartida por cientos de conciudadanos. Este es otro de los grandes reproches al Ejecutivo: se está ejecutando un plan de recogida de escombros para la reconstrucción antes de haber desenterrado a todas las víctimas. Imágenes no publicadas en medios, pero difundidas entre rescatistas y policías, muestran a personas aplastadas en posturas defensivas, intentando protegerse el rostro en un último esfuerzo por sobrevivir.
Los juguetes “presidenciales” reflejan la naturaleza de estas torres de la OPP, construidas para albergar a las clases populares más desposeídas, programa estrella del chavismo junto a las Misiones Vivienda impulsadas por Hugo Chávez. Con el tiempo, y de forma trágica tras el terremoto, se ha constatado que se edificaron en zonas inseguras y con materiales de baja calidad.
A unos cuantos cientos de metros se consumen las últimas esperanzas entre las ruinas de otra OPP, la número 26. Durante la madrugada de ayer, un grupo de rescatistas locales y de topos mexicanos percibió señales de vida entre los escombros. Están convencidos de que dos personas, incluida una niña, sobreviven milagrosamente junto a los cuerpos sin vida de sus familiares. Al cierre de esta edición, el trabajo contrarreloj continúa.
Fue precisamente en otra OPP donde Daymaris Díaz se enfrentó a Nicolasito Maduro Guerra, hijo del dictador, quien se creía indemne ante el malestar general. La indignación no solo responde a la negligente respuesta gubernamental ante el sismo, sino también a la crisis prolongada que durante 27 años ha transformado a uno de los países más ricos de América en los parias del continente.
“Chávez dijo que esto era antisísmico, nada que ver con la realidad”, recordó después la mujer, que perdió a su pequeña hija porque nadie acudió a su rescate durante cuatro días. Su voz es hoy una de las muchas que se levantan contra la propaganda oficial, que ahora busca el apoyo de Washington para encarar la obligada reconstrucción, convertida en la gran prioridad nacional.
AGENCIAS

