NotMid 25/05/2026
OPINIÓN
El poder es feroz: cuando se está en la cúspide, los amigos sobran; cuando comienza la caída, desaparecen por arte de magia. Si ese poder —que siempre es circunstancial— está además vaciado de sentido ético y político, la caída es doblemente implacable.
Hoy vemos cómo se desmontan a toda prisa los carteles que pedían el retorno de Maduro y Cilia. Nadie quiere verse asociado a Zapatero; en el PSOE ya le dan la espalda y en El País el tono hacia él ha cambiado radicalmente. A Tarek William Saab ya le aplican el “si te vi, no te conozco”. Mientras tanto, los testaferros, temiendo ser los próximos en caer, buscan salvar el pellejo a cualquier precio antes de que el barco termine de hundirse.
Al final, ocurre como en el fútbol: ningún equipo parece tan invencible como cuando va ganando, ni tan desahuciado como cuando empieza a perder.

