NotMid 24/05/2026
IberoAmérica
Aeronaves estadounidenses regresaron a Caracas poco más de cuatro meses después de la histórica operación militar que culminó con la captura y extracción de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero. En esta ocasión, el despliegue no buscaba un quiebre político, sino un inusual simulacro militar: ensayar la evacuación de emergencia del personal diplomático de la Embajada de EE. UU. en la capital venezolana.
El imponente sobrevuelo de las dos aeronaves paralizó la atención de los caraqueños, quienes inundaron las redes sociales con videos del trayecto y el posterior aterrizaje en la legación estadounidense. Mientras tanto, frente a las costas venezolanas, aguardaba imponente el destructor USS Iwo Jima, el mismo buque encargado de trasladar al dictador chavista tras su captura en Fuerte Tiuna.
“En estos momentos se está llevando a cabo un ejercicio de respuesta militar estadounidense en la Embajada de los Estados Unidos en Caracas. Garantizar la capacidad de respuesta rápida del ejército es un componente clave de la preparación de la misión, tanto aquí en Venezuela como en todo el mundo. Seguimos avanzando en el plan de tres fases de Donald Trump para Venezuela”, anunció la Embajada a través de sus canales oficiales.
La hoja de ruta de Washington
El plan de la Casa Blanca se encuentra actualmente en su segunda fase. La estrategia comenzó con la estabilización del país tras la caída de Maduro y el posterior ascenso de su mano derecha, Delcy Rodríguez, hoy convertida en presidenta encargada del gobierno de facto.
Esta segunda etapa, enfocada en la recuperación y la reconciliación, avanza entre constantes claroscuros y con un ojo puesto en Panamá. Allí, la plana mayor de la oposición democrática se reúne en torno a María Corina Machado para definir la hoja de ruta de los próximos meses. El objetivo final, la tercera fase, es la transición definitiva a la democracia mediante elecciones libres.
Para evitar el pánico en la población, el gobierno chavista emitió un comunicado oficial apresurándose a matizar el despliegue. Según el oficialismo, se trató simplemente de “un simulacro de evacuación ante eventuales situaciones médicas o contingencias catastróficas, como parte de los protocolos regulares de seguridad y protección diplomática”.
Entre la humillación chavista y el debate de la soberanía
Simulacro para unos, exhibición de fuerza militar para otros. Lo cierto es que el ejercicio ha encendido las alarmas en un sector del chavismo, que procesa con indignación lo que consideran una pérdida total de soberanía ante la autoridad estadounidense.
El sociólogo Gianni Finco analiza para EL MUNDO el complejo impacto psicológico de este escenario en la población:
“Tras décadas de crueldad por parte de la dictadura revolucionaria, el despliegue militar norteamericano por los cielos de Caracas parece ser vivido por la mayoría de los venezolanos con el regusto de disfrutar, en vivo y directo, de la humillación de un régimen que hasta hace poco repetía bravuconadas contra el ‘imperio’.
A veces pareciera que Venezuela se ha convertido en un gigantesco meme donde se ridiculiza la ideología de los torturadores; una válvula de escape para una sociedad que ha ocultado demasiado miedo y rencor. Una joda en apariencia banal que, si se mira bien, advierte sobre la crispación profunda y nos señala el largo proceso que tendremos por delante para sanar las heridas y recuperar algo parecido a nuestra soberanía nacional”.
La gran sorpresa de la jornada fue la presencia del general Francis L. Donovan, quien encabezó los ejercicios en Caracas acompañado por un contingente de marines. El alto mando estadounidense aprovechó la ocasión para reunirse, por segunda vez, con el gobierno interino.
“Seguimos comprometidos con la importancia de la seguridad compartida en todo el hemisferio occidental”, concluyó la Embajada, dejando claro quién vigila ahora el tablero venezolano.
Agencias

