NotMid 17/04/2026
Editorial NotMid
La etapa de estabilización ha quedado atrás. Según lo confirmado ayer por el subsecretario Kozak, el tablero político entra oficialmente en su segunda fase: la recuperación y la reconciliación. Estamos ya en el segundo acto del plan diseñado por la administración Trump-Rubio, un movimiento que, en teoría, debería marcar el inicio del fin de la parálisis.
Sin embargo, la realidad a pie de calle desmiente el optimismo de los grandes titulares económicos. El arranque de esta etapa dista mucho de ser luminoso; por el contrario, el aparato represivo se aferra al protagonismo, actuando como la «estrella» que busca confirmar la vigencia del régimen.
La resistencia del sistema opresor no se oculta, se exhibe en una lista de agravios que parece no tener fin:
El activismo del fiscal chavista y la reciente detención de Paparoni.
Las sistemáticas negativas de amnistía y la ausencia de libertades plenas.
Crisis carcelaria: El Helicoide, ese símbolo del horror que se niega a desaparecer; la alarmante situación en el Rodeo I; y los más de 400 presos políticos que permanecen bajo llave.
Hostilidad política: Las constantes amenazas de Diosdado Cabello dirigidas contra el activismo ciudadano y la academia.
En este escenario aterriza el nuevo encargado de negocios, cuya misión principal es supervisar que la transición no se descarrile. La agenda que tiene por delante no solo es apretada, es crítica.
Kozak fue claro al hablar de «hitos» indispensables para poder aspirar a la tercera fase del plan. No obstante, para alcanzarlos, la diplomacia estadounidense tendrá que pedalear con una fuerza inédita y presionar donde más duele. En política, el tiempo no solo es oro; es la diferencia entre la libertad y la consolidación del autoritarismo.
Para luego es tarde.
