NotMid 27/04/2026
MUNDO
Mientras Donald Trump alude a acuerdos de paz inminentes, la realidad en el terreno sugiere lo contrario: Washington ha concentrado tres portaaviones en Oriente Medio, una exhibición de fuerza sin precedentes desde la invasión de Irak en 2003. El USS Abraham Lincoln en el mar Arábigo, el USS Gerald R. Ford en el Canal de Suez y el USS George H. W. Bush —tras rodear África por el Cabo de Buena Esperanza— cierran el cerco frente al Golfo de Adén.
Con este despliegue, EE. UU. busca doblegar las posturas maximalistas de Irán, reacio a negociar fuera de sus propios términos. La cifra de efectivos ya supera los 60.000 militares, apoyados por decenas de destructores, grupos anfibios con miles de marines y una fuerza aérea combinada de más de 200 aviones embarcados, a los que se suman cientos más en bases aliadas regionales. A esto se añade la élite del Pentágono: parte de la 82.ª División Aerotransportada y unidades de operaciones especiales como los Navy SEALs, Rangers y Delta Force.
¿Es suficiente para una invasión?
Pese a la magnitud, este contingente aún dista de lo necesario para una operación terrestre a gran escala en Irán. En 2003, la invasión de Irak requirió entre 150.000 y 170.000 soldados estadounidenses (casi 300.000 con apoyo aliado) y una estrategia de “choque y pavor” diseñada para colapsar el régimen en semanas. Aquella ofensiva combinó un avance terrestre masivo desde Kuwait con una campaña aérea paralizante.
La respuesta de Teherán: minas y evasión
Irán no se queda atrás en la escalada. Fuentes de Teherán confirman que han minado el Estrecho de Ormuz por segunda vez, bloqueando la ruta comercial central pese a las amenazas de Trump de atacar cualquier embarcación dedicada al minado. Expertos advierten que limpiar la zona llevaría más de seis meses. Mientras tanto, los iraníes mantienen sus tácticas de evasión para exportar crudo, utilizando transferencias de barco a barco o navegando pegados a su costa para evitar el control internacional.
Bloqueo y mediación desesperada
Actualmente, Trump prioriza la presión económica. Tras una campaña aérea junto a Israel que desgastó las defensas iraníes pero no logró derribar al régimen, EE. UU. mantiene un férreo bloqueo en el Golfo de Omán. El objetivo es asfixiar los ingresos petroleros de Teherán para forzar una mesa de negociación. Sin embargo, el régimen se muestra desafiante: aseguran que el Estrecho “nunca volverá al estado anterior” y pretenden institucionalizar el cobro de derechos de navegación en la zona.
En este tenso escenario, Pakistán actúa como mediador de última hora. Tras la cancelación de una ronda de conversaciones en Islamabad por orden de Trump, la diplomacia paquistaní trabaja contrarreloj para evitar que el conflicto pase de la presión naval al choque abierto.
Agencias

