NotMid 28/04/2026
Opinión NotMid
Nadie lo vio venir. Si mientras sonaba el “Faltan cinco pa’ las doce” el pasado 31 de diciembre alguien nos hubiera dicho que el 2026 traería a un Diosdado Cabello fungiendo de “experto” financiero y a un Mario Silva denunciando el borrado sistemático del “Comandante”, habríamos pensado que las uvas estaban adulteradas.
Hace apenas unos meses, ambos competían por ver quién estaba más “rodilla en tierra” contra el imperialismo. Pero, como dicen en redes, “tres Doritos después”, el panorama es surrealista: a Silva le cortaron el agua y la luz (metafórica y literalmente), mientras Cabello se ajusta el nudo de la corbata para sonreírle a John Barrett, el enviado de Washington, en los pasillos de Miraflores.
La escena del viernes en el palacio presidencial parece sacada de una dimensión paralela. Barrett, con el aura de una estrella de Hollywood, no solo fue el invitado de honor, sino que ayer inauguró el foro de la Cámara Petrolera ante una audiencia de empresarios y funcionarios que, hasta ayer, juraban “patria o muerte”.
La metamorfosis es total.
Miraflores ha decidido que su nuevo mejor amigo es Donald Trump, y en el proceso, ha procedido a enterrar —sin mucha ceremonia— décadas de consignas ideológicas.
Atrás quedaron aquellos ejercicios cívico-militares donde Diosdado, fusil al hombro, sudaba la gota gorda preparándose para una invasión que terminó llegando, pero en forma de maletines y acuerdos energéticos.
En resumen: los hermanos Rodríguez y Cabello han saltado la talanquera con una agilidad olímpica, olvidando convenientemente avisarle al “camarada” Mario y a las bases que aún esperan el fin del bloqueo.
A estas alturas, no resultaría extraño enterarnos de que los jerarcas hicieron fila para pedirle un autógrafo a “Mister Barrett”. Es el pragmatismo puro y duro: después de todo, si para conservar el poder hay que cambiar el “¡Venceremos!” por un “Welcome”, ellos tienen claro que París —y el trono de Miraflores— bien valen una misa.

