NotMid 30/04/2026
Editorial NotMid
El escenario político venezolano asiste a una nueva puesta en escena de un guion desgastado, pero peligroso. Vemos a supuestos opositores reciclados como ministros, otros premiados con embajadas, y a los eternos “falsos independientes” trepados en camiones o tarimas itinerantes, prestando su rostro para completar el decorado de Delcy Rodríguez o Diosdado Cabello.
Esta fauna política no es producto del azar; responde a un diseño deliberado de simulación democrática. El objetivo es fabricar un pluralismo de vitrina sobre los escombros de un sistema de partidos judicializados, cooptados y despojados de sus siglas originales.
Los “hermanos siniestros” no innovan, simplemente repiten el menú. La memoria corta es su mejor aliada, pero los hechos son tercos: ahí queda el recuerdo de la estéril “Mesita” y la traición de los diputados “alacranes” que asaltaron la integridad de la Asamblea legítima.
Esta estrategia no es exclusiva de la política; es el espejo del modelo económico vigente. Es el mismo “capitalismo de amigotes” y la red de testaferros que denunciaba Laceiba recientemente. En ambos tableros, los actores son operadores sustitutos: fichas funcionales para Miraflores que no representan la voluntad popular, sino los intereses de la cúpula. Son estafadores seriales cuyo rol oscila entre repartirse las migajas del botín o servir de barrera para excluir al liderazgo que sí goza de respaldo real.
En esta temporada de templetes y montajes, el proclamado “nuevo momento” de los Rodríguez no es más que una farsa renovada. Ante la fase de recuperación y los preparativos para una transición genuina, el país debe mantener el ojo avizor. En la política de espejismos, reconocer la engañifa es el primer paso para derrotarla.

