NotMid 22/04/2026
Editorial NotMid
La tríada conceptual —elecciones, transición y reinstitucionalización— ha dejado de ser un murmullo de pasillo para convertirse en el eje gravitacional del país. Partidos, organizaciones civiles e instituciones parecen retomar, no sin dificultades, una agenda democratizadora que reclama su espacio tras años de parálisis.
Es imposible esquivar un asunto de tal magnitud. El 2024 no fue un año cualquiera; su paso dejó una huella profunda en el alma nacional, una herida que permanece abierta y que solo encontrará alivio en una resolución política real.
En este tablero, resulta alentador observar la persistencia de María Corina Machado en la ruta hacia el objetivo, así como los movimientos estratégicos de Estados Unidos orientados a viabilizar una transición. Son señales de que la inercia se está rompiendo.
Sin embargo, el espectáculo más revelador ocurre en la acera de enfrente. Resulta casi cinematográfico ver a las figuras del ala radical —con Diosdado Cabello a la cabeza— haciendo malabares retóricos para justificar lo injustificable ante sus bases: el “nuevo maridaje” entre la vicepresidenta Delcy Rodríguez y el históricamente vilipendiado FMI.
El desconcierto en las filas oficialistas es palpable; la narrativa de la “soberanía económica” cruje ante la necesidad de divisas.
Respecto a este acercamiento con el Fondo Monetario Internacional, surge una advertencia obligatoria para la Casa Blanca: es imperativo fiscalizar con lupa el destino de los 5.000 millones de dólares solicitados. No se puede olvidar que esa cifra coincide, casi de forma poética, con el desfalco atribuido a la trama de El Aissami y su entorno —cuyas dimensiones reales aún están por confirmarse—.
Aunque Alí Babá resida en Nueva York, es evidente que el resto de la cofradía sigue operando casa adentro.
Mucho ojo.
