NotMid 04/06/2026
MUNDO
Una enorme columna de humo negro sobre el horizonte de San Petersburgo marcó el sombrío arranque del foro económico anual con el que Vladímir Putin busca exhibir la resiliencia de Rusia. Apenas un día antes de que el mandatario llegara a su ciudad natal —sede del Foro Económico Internacional—, un ataque con drones ucranianos incendió una terminal petrolera local. El impacto supuso un golpe vergonzoso para los esfuerzos del Kremlin por minimizar los efectos de un conflicto que ya cumple cuatro años, y que insiste en presentar ante sus ciudadanos como una realidad lejana.
El ataque, que también fijó como blanco una base naval en el golfo de Finlandia, evidenció la creciente capacidad de Ucrania para golpear en el corazón del territorio enemigo. Demostró, además, que ni siquiera la blindada cuna del presidente está a salvo. La ofensiva provocó el desvío y retraso de decenas de vuelos en el aeropuerto de San Petersburgo, mientras las autoridades se vieron obligadas a cortar el servicio de internet móvil para interferir en el guiado de los drones.
Esta vulnerabilidad ya había forzado a Putin a reducir la escala del desfile del Día de la Victoria el pasado 9 de mayo. Días después, una incursión masiva en los suburbios de Moscú dejó tres muertos, desnudando las grietas en la seguridad de la capital. Ante este escenario, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, justificó los avances de las tropas rusas en Ucrania como una medida “para prevenir ataques” como el de San Petersburgo, y recordó que la ofensiva “sistemática” contra Kiev ya está en marcha. De hecho, el martes previo, Rusia castigó la capital ucraniana y otras ciudades con un aluvión de misiles y drones que se cobró la vida de 23 personas y dejó más de 150 heridos.

Entre la propaganda y la realidad económica
Históricamente, Putin ha utilizado este foro —autoproclamado como el “Davos ruso”— para presumir de músculo financiero y atraer inversión extranjera. Aunque los empresarios y mandatarios occidentales cortaron lazos tras la invasión de 2022, Moscú intenta contrarrestarlo promoviendo su agenda de un “mundo multipolar”. Este año, Arabia Saudí lidera la lista de invitados comerciales con una delegación masiva, acompañada por los presidentes de Uzbekistán y Tanzania, el vicepresidente de China y una inusual presencia estadounidense: Rodney Mims Cook Jr., director de la Comisión de Bellas Artes de EE. UU.
Sin embargo, el escaparate internacional no logra ocultar las grietas internas. Las perspectivas económicas de Rusia se ensombrecen a medida que se diluye el estímulo inicial del gasto militar masivo. Para mantener a raya el déficit presupuestario, el gobierno ya ha recurrido a subidas de impuestos y a un mayor endeudamiento interno.
Se espera que Putin minimice estos contratiempos durante sus intervenciones, pero la realidad militar juega en su contra. Horas antes de la apertura del foro, los drones ucranianos no solo golpearon la terminal petrolera a 15 kilómetros del evento, sino que también alcanzaron la base naval de Kronstadt. Aunque la mayor parte de la Flota del Báltico se trasladó hace tiempo al enclave de Kaliningrado, Kronstadt —fundada por Pedro el Grande— conserva un peso simbólico histórico. Verla bajo fuego es el recordatorio más claro de los crecientes desafíos que asedian al régimen.

