NotMid 18/10/2026
Opinión Notmid
Trasteando hace unos días por Instagram me topé con un reel de Iñaki Arcocha.
No tengo el gusto de conocerle, pero intuyo que haríamos buenas migas.
En apenas un minuto me descubrió la piedra angular, la clave de bóveda que explica todo lo que acontece ante la cita del 29-N: el «pedroplanismo».
Una sola palabra que define con precisión quirúrgica el momento sociopolítico que atraviesa España.
Si Fernando Arrabal levantara la cabeza, irrumpiría en un plató al grito de: «¡El pedroplanismo va a llegarrr!».
El verdadero drama es que no tiene que llegar: lleva instalado entre nosotros el tiempo suficiente para metastatizar en el organismo institucional del país.
Y ahora, a ver quién es el valiente que lo extirpa.
Pónganse por un instante en la piel del cirujano que opera al Papa León XIV.
Abre, echa un vistazo y se topa con el cuadro desolador de un tumor maligno.
En esa situación no hay espacio para la tibieza: hay que extirpar sin miedo a quedarse corto, sabiendo que el cáncer busca reproducirse y colonizar cada célula sana.
Con Pedro Sánchez ocurre algo muy similar.
Las células del sanchismo que circulan por nuestro torrente público no entienden de convivencia; solo conocen la expansión, la toma de las instituciones y la anulación del rival.
Le da igual que el oponente sea un glóbulos rojo del entorno de Sumar, Podemos o ERC, o que sea el glóbulos blanco del PP —esos policías del sistema inmune que veíamos en Érase una vez… el cuerpo humano— tratando de frenar la infección.
El pedroplanista es, en esencia, el terraplanista de la política moderna. Es el militante antivacunas ante la verdad, el negacionista de la corrupción y la mentira cuando vienen firmadas por su líder supremo.
A este perfil de votante todo le parece explicable, todo le resulta disculpable:
¿Que la portavoz parlamentaria dimite acorralada por su propia hipocresía? «Mi Pedro no sabía nada».
¿Que buques marroquíes irrumpen en aguas españolas y sus soldados en activo emboscan a nuestras tropas?
«Pedro calla por diplomacia; Su Sanchidad confía en Mohamed VI y nosotros somos sus siervos».
¿Que el PSOE ignora la crisis de la vivienda durante ocho años y de pronto improvisa soluciones de pancarta?
«Si lo dice el Presidente, la culpa es de Ayuso, de los fachas y de los fondos buitre».
¿Que los sindicatos convocan una huelga “contra la oposición” el mismo día de las generales?
«Es que el PP obstaculiza el progreso; Pedro gobierna desde 2018 pero no es responsable de nada».
¿Que la huelga educativa se focaliza solo en la región con mejores resultados del informe PISA?
«Pobres gobernantes socialistas, que luchan solos contra el azote de las pantallas que atontan a nuestros hijos».
¿Que las cloacas acosan a la jueza que investiga al entorno familiar de Moncloa?
«Bulos del fango, maniobras de la ultraderecha contra Mr. Handsome».
¿Que el CIS de Tezanos le otorga ventajas surrealistas en su peor momento político o la Junta Electoral lo expedienta por quinta vez por uso partidista de Moncloa?
«Tezanos es un sabio y las normas antiguas no aplican a la modernidad del Presidente».
Lo más inquietante de esta lista es que corresponde únicamente a lo sucedido en la última semana.
No hace falta desempolvar los cuadernos de Ábalos, Koldo o Cerdán.
Tampoco mencionar los lingotes de Delcy Rodríguez, los desvelos de Begoña Gómez o los abucheos que amortigua la megafonía cada 12 de Octubre.
No hace falta, porque el problema ya no es la gravedad de los hechos, sino la ceguera voluntaria de quien mira hacia otro lado.
Decía mi abuela que «no hay más ciego que quien no quiere ver».
Si los negacionistas del cambio climático o los antivacunas representan un desafío para el sentido común, la mutación del pedroplanista constituye una amenaza mucho más profunda: la suspensión del juicio crítico en favor del dogma.
Y cuando un país renuncia a la verdad para proteger a su líder, el problema deja de ser el Gobierno y pasa a ser de toda la sociedad.

