NotMid 04/06/2026
Opinión NotMid
Hay que darle la bienvenida a Caine, a Donovan y a todo aquel que venga desde la Casa Blanca a reforzar el plan de las tres fases; esa hoja de ruta que, como bien describió el secretario Rubio ante el Congreso, debe aterrizar de forma irreversible en unas elecciones libres y justas.
Todos conocemos la calaña de los forajidos del régimen: criminales acostumbrados a extorsionar a los ciudadanos y a violar sistemáticamente cada compromiso firmado.
Solo basta observar cómo entorpecen deliberadamente la liberación de los presos políticos, y cómo siguen mintiendo y maniobrando para prolongar el sufrimiento de millones de venezolanos inocentes.
Por eso, que Caine haya aterrizado en Caracas un 3 de junio —exactamente cinco meses después de aquella exitosa operación que él mismo diseñó y lideró— no es un hecho fortuito. Es un acontecimiento estratégico, político y militar de primer orden.
El más alto oficial norteamericano viajó a Venezuela en un trayecto de ida y vuelta coordinado milimétricamente, justo durante la ausencia de Delcy Rodríguez. No lo hizo solo; lo acompañó la embajadora Laura Dogu, quien ya conoce el terreno y se encargó previamente de despejar la vía.
¿Qué misión tan crucial requería de su presencia física en Caracas? ¿Por qué un general de cuatro estrellas no podía resolver esta diligencia mediante una pantalla o vía telemática?
Los generales de ese calibre no viajan para negociar lo obvio; viajan para ejecutar. Pronto sabremos las respuestas

