NotMid 07/06/2026
Opinión NotMid
La supuesta “viveza” del régimen al vaciar el Helicoide para cumplir formalmente con las exigencias de Trump y Rubio es el fiel reflejo de su naturaleza criminal. Que no haya engaños: el Helicoide está vacío, pero los presos siguen presos. Cambian las paredes, pero se mantiene la injusticia.
Esta política del simulacro se repite en todos los frentes:
El caso de Víctor Quero: Publican un informe fingiendo demencia, sin establecer responsabilidades reales ni señalar a los culpables de su muerte.
El caso de José Breijo: Al ciudadano uruguayo ahora le prestan atención médica, pero continúa sin libertad plena y bajo el manto de la impunidad, ocultando a los responsables de someterlo a vejámenes que lo dejaron al borde de la muerte.
El negocio petrolero: Ocurre lo mismo con el modelo de contrato que se vieron obligados a modificar tras una llamada “de arriba”, cediendo sumisamente ante las quejas de las corporaciones extranjeras.
El plano institucional: Los recientes cambios en la Fiscalía y la Defensoría del Pueblo no son más que un burdo ejercicio de gatopardismo: cambiar todo para que nada cambie.
Incluso en este pretendido “nuevo momento”, el régimen es incapaz de abandonar sus malas mañas.
Las recientes intimidaciones a la prensa, la recaptura de presos recién excarcelados y el uso de plataformas digitales para amenazar a opinadores, políticos y periodistas demuestran que son exactamente los mismos de antes.
Si algunos de sus influencers oficiales han caído en desgracia, no es por depuración ética; es porque ya tienen listos los reemplazos para continuar con el linchamiento público de quienes disienten.
En definitiva, esta gente no es confiable. Son canallas que simulan una apertura para perpetuarse en el poder y continuar con el aplastamiento de un país que los rechaza mayoritariamente.
No actúan como políticos, sino como una corporación criminal que tomó el Estado y se niega a soltarlo.
Es una calaña trasnacional. Es la misma matriz de Gustavo Petro, que amenaza con incendiar la calle si su proyecto es derrotado en las urnas en Colombia, o la de Evo Morales, empeñado en su agenda de desestabilización.
Para los venezolanos, el objetivo sigue intacto: lograr la salida de los sátrapas y rescatar la democracia.
Pero la lección está aprendida: incluso cuando se logre el cambio, la ciudadanía tendrá que dormir con un ojo abierto para evitar que la subversión autoritaria intente devorarnos otra vez.

