NotMid 25/03/2026
EDITORIAL
El escenario no pudo ser más elocuente. Mientras María Corina Machado se consolidaba en Houston —epicentro de uno de los foros energéticos más influyentes del mundo— y conectaba con la fuerza de la diáspora, el oficialismo intentaba responder desde la periferia. Delcy Rodríguez, relegada a una participación vía Zoom en un evento difuso en Miami, evidenció una brecha que va más allá de lo protocolar: es una distancia de legitimidad y visión.
Este contraste abismal no pasa desapercibido para quienes mueven el capital. Los inversores comprenden el potencial latente en Venezuela, pero permanecen en una tensa calma, evaluando si el país se hundirá en la inercia del pasado ruinoso o si finalmente abrirá las puertas al futuro. La ecuación es simple: a mayor velocidad en la transición, más rápida será la apertura de negocios y la creación de riqueza para todos.
Este dilema no le es ajeno a Donald Trump. El análisis para la Casa Blanca debería ser pragmático: solo una de estas figuras garantiza el retorno de cientos de miles de venezolanos a su tierra; la otra personifica la causa exacta de su huida.
En política y economía, las señales suelen ser nítidas antes de ser oficiales. Si en Washington aún no han terminado de encajar las piezas, la realidad se encargará de hacerlo muy pronto.

