NotMid 28/06/2026
EDITORIAL NotMid
Los corresponsales extranjeros que reportan desde las zonas devastadas por los terremotos son, hoy por hoy, los testigos más fieles de la realidad. Su cobertura evidencia una verdad demoledora: la ausencia del régimen —o su esporádica e incompetente presencia— está costando vidas. Muchas vidas.
Que su ineptitud y negligencia sean de larga data no significa que deban normalizarse o pasarse por alto.
Exigirle a la ciudadanía que no reclame el rescate de sus seres queridos y que espere pacientemente por una gestión institucional que jamás llegará, no es solo ineficiencia; es un acto de crueldad.
Cada venezolano, cada familia que exige lo mínimo que se le pide a cualquier gobierno, no es un saboteador.
Criminalizar su desesperación, su indignación y su deseo legítimo de buscar por mano propia a sus desaparecidos es una vileza.
El país tiene motivos de sobra para desconfiar del destino de las ayudas humanitarias y de los rostros visibles de la cúpula que usurpa el poder. Ya los conocen.
El pueblo padece las consecuencias de un desgobierno voraz.
Lo natural es el repudio generalizado hacia quienes saquearon al Estado, lo succionaron como vampiros y lo dejaron completamente incapacitado para responder ante una catástrofe natural.
La cínica respuesta oficial ante la tragedia parece más bien una carta de despido, su propio pasaporte de salida.
Esto nos conduce inevitablemente a María Corina, la máxima líder política del país, depositaria de una legitimidad popular de la que el régimen carece.
Es precisamente ese respaldo el que le otorga el pasaporte de regreso, sin importar el momento en que ocurra.
Existe la plena certeza de que cualquier decisión sobre su retorno a Venezuela será la correcta, la conveniente y, sobre todo, la más beneficiosa para los ciudadanos en esta hora crítica.
Así ha sido y así será.

