NotMid 30/06/2026
IberoAmérica
Entre el estruendo de la tragedia, un rayo de esperanza: tras cuatro días bajo los escombros, un padre y su hijo fueron rescatados por bomberos y paramédicos de Virginia. Equipados con sierras para hormigón, dispositivos acústicos y tecnología de precisión, los rescatistas lograron sacarlos con vida. Al ser trasladados en camillas improvisadas hacia las ambulancias, la multitud, que hasta entonces solo había presenciado muerte tras los dos terremotos del pasado miércoles, estalló en aplausos y gritos de gratitud.
Sin embargo, el contraste en las calles es abismal. A pocos metros, la presidenta en funciones, Delcy Rodríguez, fue recibida en un barrio devastado con un sonoro coro de “¡Fuera!”. Mientras los ciudadanos desesperados buscaban a sus seres queridos, las críticas contra la Guardia Nacional Bolivariana escalaban; los vecinos les increpaban por su supuesta incompetencia y los acusaban de centrarse más en reprimir protestas y tomarse selfies frente a las ruinas que en salvar vidas. En un video que se ha vuelto viral, un ciudadano indignado llega a expulsar de su propia casa saqueada a un soldado y a un funcionario.
La Administración Trump ha volcado recursos masivos en la respuesta humanitaria, apostando a que esta operación valide su improbable alianza con el Gobierno interino de Rodríguez. No obstante, en la costa caribeña, este esfuerzo choca frontalmente con una población que aborrece a sus gobernantes. “La gente no se da cuenta: ella también está bajo los escombros”, sentenció Martin Rodil, activista venezolano colaborador de las fuerzas de seguridad estadounidenses, en alusión a la crisis de legitimidad que atraviesa Rodríguez.
El desastre se ha convertido en la prueba de fuego definitiva para el esfuerzo de Washington por hacer digerible el mandato de Rodríguez. Pero la indignación pública se desborda a medida que la cifra de fallecidos ascendió este lunes a 1.719, con decenas de miles de personas aún desaparecidas y una infraestructura colapsada que ha dejado a 16.000 ciudadanos sin hogar.
AGENCIAS

