El espejismo de la seguridad jurídica y el peso de la realidad
NotMid 26703/2026
EDITORIAL NotMid
El contraste fue, como se anticipó, brutal. En la arena política, donde las formas suelen disfrazar las intenciones, lo ocurrido recientemente dejó al desnudo dos realidades irreconciliables. Por un lado, una María Corina Machado que se desplazó con la naturalidad de quien pisa terreno propio, moviéndose “como pez en el agua” en un ambiente que domina por convicción y coherencia. Por el otro, una Delcy Rodríguez impostada, obligada a ejecutar contorsiones retóricas para intentar vender lo invendible: que la dictadura es fuente de seguridad jurídica.
Intentar convencer a la audiencia de la estabilidad legal de un sistema mientras afloran testimonios de presos políticos despojados de sus bienes y negocios no es solo un ejercicio de cinismo, es un suicidio comunicacional. La puesta en escena de la vicepresidenta chocó de frente con la cruda realidad de las instituciones secuestradas.
La oferta de “seguridad” del régimen carece de base cuando, en paralelo, figuras como Diosdado Cabello recuerdan que la ley es un elástico que se estira o se rompe “si les sale del forro”.
En ese ecosistema, la amnistía no es un derecho ni una garantía, sino una concesión graciosa que se cumple solo si al poder “le da la gana”. Es la ley del capricho frente al Estado de Derecho.
La funcionaria acudió a la cita, pero no convenció a nadie. Quedó expuesta ante las evidencias y, fiel al libreto del autoritarismo cuando se queda sin argumentos, se esfumó para evitar las preguntas incómodas. Fue lo que popularmente conocemos como un “chacumbelazo”: ella misma cavó el foso de su credibilidad.
Al final del día, el balance es claro. Mientras una parte intenta sostener un plan económico con pinzas y amenazas, la otra demuestra que tiene “algo más en las alforjas” que simple popularidad: tiene la verdad de los hechos de su lado. El que tenga ojos, que vea; y el que tenga oídos, que escuche el estruendoso silencio que dejó la huida de la interina.

