NotMid 20/03/2026
EDITORIAL NotMid
¿Cómo sostener la narrativa de que Maduro “sigue siendo presidente” cuando el andamiaje que lo sostenía ha sido demolido? En la práctica, ha dejado de ser el Comandante en Jefe; su Ministro de la Defensa fue decapitado políticamente y el Alto Mando, junto a casi la mitad de su gabinete, ha sido purgado.
A tres meses de aquel fatídico 3 de enero, los hechos hablan más fuerte que la retórica. Es Delcy Rodríguez, con su “morral de decisiones” al hombro, quien confirma la realidad: no estamos ante una “ausencia temporal forzosa”, sino ante una ausencia absoluta en toda regla. Una vacante que, según la Carta Magna, exige de inmediato un proceso institucional y electoral transparente.
El contraste es casi grotesco. Mientras Maduro alega en Nueva York una supuesta inmunidad presidencial —e intenta sufragar su defensa legal con el patrimonio de todos los venezolanos—, en Caracas, Delcy le pasa la “trituradora”. Lo ha despojado de los símbolos del poder y ha removido de un plumazo a sus fichas más leales, tanto uniformadas como civiles.
Al final del día, Maduro se descubre con pocos dolientes. Para muchos dentro de su propio ecosistema, más que un líder, ya empezaba a ser un estorbo.

