NotMid 31/03/2028
EDITORIAL NotMid
La reciente radiografía de la opinión pública venezolana no deja lugar a interpretaciones ambiguas: el deseo de cambio por la vía electoral ha dejado de ser una aspiración para convertirse en una exigencia estadística. Según los datos más recientes, dos de cada tres ciudadanos reclaman comicios este mismo año; una cifra que se eleva hasta el 75% si incluimos a quienes, con una paciencia democrática ejemplar, aceptarían esperar hasta el próximo ciclo.
Un dato de esta magnitud no puede, bajo ninguna circunstancia, ser ignorado o “pasar por debajo de la mesa”. Sin embargo, frente a la contundencia de los números, emergen dos estrategias de evasión igualmente nocivas:
- El inmovilismo oficialista: Aquellos sectores del PSUV y sus aliados que parecen apostar por el “dosmilnunca”, intentando postergar el juicio de las urnas de forma indefinida.
- El “positivismo” de conveniencia: Un grupo que, bajo una retórica rebuscada y condescendiente, pretende dictaminar que el país “no está preparado” para elegir. Curiosamente, este diagnóstico de inmadurez cívica suele coincidir con los momentos en que sus propios liderazgos no logran puntear en las encuestas.
No hace falta una sensibilidad mística ni “pegar la oreja al suelo” para percibir el estruendo de este reclamo popular. Está a la vista de todos, tanto como las motivaciones de quienes temen al veredicto ciudadano.
La historia reciente demuestra que oponerse sistemáticamente a la salida electoral tiene costos políticos y sociales que el actual Ejecutivo ya ha pagado con creces. Insistir en el bloqueo de la voluntad general no solo es un sinsentido estratégico, sino un error que Venezuela ya no está dispuesta a tolerar. La ruta es clara; solo falta la voluntad de transitarla.

