NotMid 23/03/2026
EDITORIAL
Todos los años, el sol recorre la misma trayectoria. Intentar vender la “declinación solar” como la explicación técnica al colapso crónico de nuestro sistema eléctrico no es una excusa; es una bofetada. Habla de un desprecio profundo y arraigado de la cúpula hacia la inteligencia del venezolano.
Ese mismo desprecio se asoma en la reciente “disculpa” de Ernesto Villegas sobre el asesinato de Juan Pablo Pernalete en 2017. Al retractarse de la infame tesis de la pistola de pernos, no pide perdón por la mentira institucionalizada ni por la obstrucción de la justicia, sino por “aumentar el dolor” de los familiares. Es una condescendencia que insulta: se lamenta la forma, pero se ratifica el fondo del engaño.
Ejemplos como estos no son aislados; son el método.
El desprecio de quienes detentan el poder en Venezuela se nutrió, en principio, de ese complejo de superioridad moral propio de la ultraizquierda. Hoy, despojado de cualquier barniz ideológico, ese sentimiento ha mutado en algo que roza la psicopatología. Sin un propósito real de enmienda y ciegos ante su nueva realidad, el chavismo parece creer que la crisis es una ola que se puede surfear indefinidamente, ignorando que debajo de la tabla el mar se ha secado.
Pero el desprecio es mutuo. El sistema y sus mutaciones degradadas desprecian al ciudadano, pero ese mismo ciudadano les devuelve el sentimiento con la misma intensidad. Es un desprecio que hoy se cultiva en la intimidad y en sordina, pero que estallará a viva voz en cuanto el miedo termine de agrietarse.
Reconstruir un gobierno que se funde en el respeto al ciudadano y no en su humillación es, quizás, el reto más exigente que enfrentaremos en los años por venir.
