NotMid 02/04/2026
Ciencia y Tecnología
Rugieron los motores, tembló la tierra y el tiempo —incapaz de respirar por la emoción— se detuvo para ceder el protagonismo al espacio. Medio siglo después, el ser humano vuelve a acariciar la Luna.
A las 18:34 (hora local), el Space Launch System (SLS), el cohete más potente jamás construido, hendió el cielo de Florida impulsando la flamante nave Orión. Tras superar dos cancelaciones por fugas de combustible, problemas técnicos con el helio y la amenaza de un clima incierto, la misión Artemisa II ya transporta a los estadounidenses Reid Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y al canadiense Jeremy Hansen más lejos de lo que nadie ha viajado en este siglo.
“Lleváis los sueños de esta generación”
“Se llevan consigo el corazón de este equipo, el espíritu audaz del pueblo estadounidense y las esperanzas de esta generación. Buena suerte, Artemisa II”, sentenció Charlie Blackwell-Thompson, directora de lanzamiento, al activar la cuenta atrás definitiva. “La Luna sale hermosa y nos dirigimos directos hacia ella”, respondió con calma el comandante Reid Wiseman mientras el cohete buscaba su órbita elíptica.
La carrera lunar del siglo XXI ha quedado oficialmente inaugurada y, por ahora, EE. UU. lidera el marcador. “Hoy comienza la próxima era de la exploración espacial”, afirmó Jared Isaacman, máximo responsable de la NASA.
Una cuenta atrás de vértigo
Aunque el día amaneció con un esperanzador 80% de probabilidades meteorológicas favorables, la tensión fue constante. En las dos horas previas al despegue, los ingenieros tuvieron que lidiar con dos crisis de última hora: un fallo en el sistema de autodestrucción (encargado de fragmentar el cohete si se desvía de su ruta) y una anomalía en la batería del sistema de aborto, vital para poner a salvo a la tripulación en caso de explosión.
Finalmente, la ventana de lanzamiento se aprovechó con precisión quirúrgica, sin necesidad de agotar las dos horas de margen disponibles.
La vida sobre 2,6 millones de litros de combustible
Horas antes, la tripulación llegaba a la plataforma de lanzamiento con una serenidad asombrosa para quien está a punto de sentarse sobre un edificio de 32 plantas cargado de combustible. Para rebajar la tensión, los astronautas recurrieron al humor y a escenas épicas de Top Gun antes de ser encajados en sus asientos dentro de la cápsula Orión, bautizada para esta ocasión como Integridad. “Es hora de volar”, resumió Wiseman antes de que se sellara la escotilla.
Un proyecto global con sello europeo
Este “primer paso” busca devolver al hombre (y llevar a la primera mujer) a la superficie lunar en 2028. La ambición es idéntica a la de la era Apolo, pero el contexto es más internacional que nunca.
Josef Aschbacher, director general de la ESA, destacó el papel crucial de Europa: “La Agencia Espacial Europea no solo posibilita la misión; la impulsa desde su misma esencia”. Entre los testigos del despegue se encontraba también el aventurero español Jesús Calleja, quien describió la magnitud del evento como “increíble” tras haber visitado las instalaciones de montaje del módulo.
Más que ciencia: El corazón de la especie
Ir al espacio no admite fallos, pero volver a la Luna toca la fibra sensible de la NASA. Es un hito que trasciende lo científico para apelar a lo más profundo del ser humano: ese afán explorador de ir siempre más allá.
En el interior de la nave viajan también símbolos cargados de historia: un trozo de tela del avión de los hermanos Wright de 1903 y la bandera estadounidense destinada al Apolo 18, una misión cancelada hace 54 años que, por fin, llegará a su destino.
La política tras las estrellas
Como en 1969, la geopolítica juega su propio papel. Si Kennedy buscaba superar a los soviéticos, el impulso actual busca batir a China. Donald Trump, quien sentó las bases de este regreso en 2017, no tardó en reivindicar el éxito en sus redes sociales: “Estamos ganando en el espacio, en la Tierra y en todas partes. ¡Nadie se nos acerca!”.
Sea cual sea la motivación —orgullo nacional, curiosidad científica o competencia militar—, lo cierto es que la humanidad ha vuelto a mirar al cielo con la respiración contenida. A veces, se hace lo correcto por las razones equivocadas.
Agencias

