La desclasificación de la CIA confirma la capacidad del chavismo para alterar resultados electorales
NotMid 17/07/2026
IberoAmérica
La desclasificación de documentos de la CIA sobre las elecciones en Venezuela ha devuelto a la actualidad un tema que durante años fue objeto de especulación popular y de la oposición: la existencia de una maquinaria electrónica diseñada para alterar los resultados electorales. Aunque los primeros informes divulgados no confirman la ejecución material de fraudes en todos los procesos, el análisis arroja luz sobre las capacidades técnicas del régimen.
Más allá del uso político que Donald Trump pretende dar a estas investigaciones, la información revela que la insistencia del chavismo en implementar un sofisticado sistema de voto electrónico —en detrimento de los métodos tradicionales de papeletas— escondía un plan orquestado por la élite chavista y ejecutado por Jorge Rodríguez, figura clave en el engranaje bolivariano. “Existía un complot específico para favorecer al corrupto régimen de Venezuela”, declaró Trump.
Los informes se remontan a 2012, cuando un agonizante Hugo Chávez se impuso a Henrique Capriles tras un gasto público masivo de 70.000 millones de dólares. Según los servicios de inteligencia estadounidenses, la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), el SEBIN y el Consejo Nacional Electoral (CNE) poseían la capacidad técnica de manipular resultados mediante máquinas preprogramadas, con una capacidad operativa para alterar hasta 1,5 millones de votos en bastiones del oficialismo.

Aunque el informe no concluye que esta capacidad se tradujera en fraude en aquel momento —el propio Capriles reconoció los resultados—, la situación cambió en 2013. En los comicios convocados tras la muerte de Chávez, Nicolás Maduro venció por un estrecho margen ante un Capriles que, esta vez, denunció irregularidades.
El documento advierte que, si bien no siempre fue necesario recurrir al fraude sistemático, el sistema estaba listo. Un caso paradigmático citado por la CIA ocurrió en 2017, durante la elección de la Asamblea Nacional Constituyente: la empresa Smartmatic denunció que el chavismo había inflado las cifras en al menos un millón de votos ante la baja participación. Aquel proceso, presidido por Delcy Rodríguez, fue una maniobra para neutralizar las protestas, aunque la Asamblea nunca llegó a redactar una nueva Constitución.
Para las elecciones de 2020, el régimen no necesitó activar la manipulación electrónica, ya que el boicot opositor, sumado a la inhabilitación de partidos y líderes, le garantizó el control absoluto. Estados Unidos y la Unión Europea desconocieron aquellos resultados. Finalmente, en el megafraude de 2024 —considerado el mayor de la historia reciente en América Latina—, el chavismo optó por alterar directamente las cifras que confirmaban la victoria aplastante de Edmundo González Urrutia, cuya ventaja fue documentada por la oposición mediante el escrutinio de las actas y sus códigos QR.
La gran paradoja actual radica en que, meses después del colapso del sistema y bajo el nuevo tutelaje chavista 3.0, los tres entes señalados por la CIA (DGCIM, SEBIN y CNE) mantienen intactas sus estructuras. Elvis Amoroso, quien lideró el fraude de 2024 por orden de Maduro, continúa al frente del CNE, dejando en evidencia la persistencia del aparato que el régimen ha utilizado para perpetuarse en el poder.
AGENCIAS

