NotMid 24/08/2026
IberoAmérica
América Latina y el Caribe se consolidan como la región más violenta del planeta. Con apenas el 8% de la población mundial, concentra cerca de un tercio de los homicidios globales, registrando una tasa de 17,6 muertes violentas por cada 100.000 habitantes en 2025, según un informe de InSight Crime. Aunque la cifra supuso una reducción del 5% respecto a 2024 (cuando la tasa se situó en 19,3), el pasado año se contabilizaron 108.838 homicidios.
La violencia cotidiana se manifiesta en crímenes como el asesinato a balazos de la abogada Helenn Guilianna Silva Padilla el pasado 15 de agosto en la provincia peruana de Pacasmayo, o la subsistencia de estructuras criminales como el narcotráfico, el sicariato y la minería ilegal. Esta crisis de inseguridad ha trascendido sus tradicionales bastiones para extenderse a países que históricamente mantenían índices bajos, como Costa Rica, Uruguay y Chile.
Actualmente, Haití lidera el ranking regional con una tasa de 68 homicidios por cada 100.000 habitantes, seguido de cerca por Ecuador, que alcanzó un máximo histórico de 50,9 por cada 100.000 habitantes en 2025 tras un incremento anual del 31%. Este repunte se produjo a pesar de la fuerte ofensiva militar impulsada por el presidente Daniel Noboa, que incluyó la captura de líderes de carteles como Adolfo Macías Villamar, alias Fito. Una estrategia similar de presión militar se ha replicado en México frente a organizaciones como el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el de Sinaloa, sin que ello haya logrado erradicar su operativa de impunidad.
El dilema de la “mano dura” y el modelo Bukele
El éxito sin precedentes de la política de excepción de Nayib Bukele en El Salvador —que redujo los homicidios a una tasa histórica de 1,3 por cada 100.000 habitantes en 2025— ha convertido este enfoque en un espejo para Gobiernos de la región como los de Colombia, Perú o Chile. Sin embargo, analistas como el exrevisor criminal Aníbal Argüello advierten sobre los peligros colaterales de estas megacárceles y estados de excepción: la pérdida de garantías judiciales para ciudadanos inocentes y la persistencia de las redes de corrupción institucional vinculadas al crimen organizado.
Por su parte, la socióloga experta en seguridad Lucía Dammert subraya que los mercados ilegales se han transnacionalizado y diversificado profundamente hacia la minería ilegal y el tráfico de migrantes, advirtiendo además sobre la escasa presión que reciben los mercados de consumo de estupefacientes en países de ingresos altos como Estados Unidos.
La cooperación militar internacional en entredicho
La respuesta regional al narcotráfico transnacional también transita por una mayor presencia de operativos terrestres y coaliciones internacionales promovidas desde Washington, como el Escudo de las Américas y el nuevo Grupo de Trabajo Conjunto del Hemisferio Occidental. Mientras Gobiernos como los de Ecuador y Colombia respaldan activamente esta colaboración, voces críticas como la del ex director chileno Jorge Araya cuestionan la soberanía de estas medidas y advierten de que la militarización obvia el trasfondo del problema: las condiciones sociales críticas, la pobreza y la necesidad imperiosa de desarticular las redes de blanqueo de capitales y financiación ilícita.
AGENCIAS

