NotMid 02/08/2026
Opinión NotMid
Toda negociación debe juzgarse por sus resultados, pero si atendemos al arranque, el panorama no pinta bien.
A los venezolanos se nos agotó el talonario de cheques en blanco hace bastante tiempo; de modo que afrontamos este nuevo episodio con escepticismo, aunque sin caer en el apocalipsis.
Un proceso de este calibre no arranca formalmente a través de una videollamada —ese formato al que la diáspora y la distancia nos han encadenado por años—.
Habrá que esperar a la próxima semana para que se miren cara a cara. Por lo pronto, seguimos en la sala de espera: no ha sonado el primer campanazo ni se ha entrado en materia; apenas presenciamos los prolegómenos y la habitual pirotecnia verbal.
Es verdad que un proceso de esta envergadura avanza mejor lejos de los micrófonos y con la discreción por norma. Nadie espera un relato minuto a minuto como si de un combate de boxeo se tratara.
Las filtraciones, además, deben tomarse con pinzas, pues todos los actores están sujetos a rígidas reglas de confidencialidad.
Sin embargo, exigir discreción no equivale a justificar el hermetismo absoluto. Si existiera una confianza ciega en los voceros, habría mayor tolerancia hacia las sombras informativas. Pero no es el caso: quienes se sentarán a la mesa a partir de la semana que viene no representan la pluralidad de la Asamblea Nacional de 2015 ni reflejan la realidad política actual, donde el liderazgo del campo democrático recae indiscutiblemente en María Corina Machado.
Hay un elemento fundamental que no se puede obviar: sin sobrestimar a Jorge Rodríguez, es imperativo reconocer su vocación por el cálculo maquiavélico y el uso intencional de su formación psiquiátrica al servicio de la manipulación.
El resto de la delegación oficialista apenas cuenta; son piezas accesorias en su tablero. Comprender este perfil no solo es un deber urgente para la representación de la AN de 2015, sino una advertencia obligada para el propio gobierno de los Estados Unidos.

