NotMid 02/08/2026
USA en español
El presidente Donald Trump canceló a última hora del sábado un nuevo ataque militar contra Irán, asegurando que se han sentado las bases para un acuerdo destinado a reabrir el Estrecho de Ormuz al tráfico comercial y neutralizar la amenaza nuclear de Teherán.
El repentino anuncio, difundido a través de su perfil en Truth Social, llega para rebajar momentáneamente las agudas tensiones desatadas en los últimos días en torno al control de la vital vía marítima, los ataques iraníes contra posiciones estadounidenses y las advertencias previas del propio mandatario de desatar una ofensiva masiva contra la República Islámica.
Según informó The Wall Street Journal, la decisión de dar marcha atrás a los bombardeos —ordenados inicialmente para el viernes— respondió a peticiones directas formuladas por el propio Irán y otros actores de Oriente Próximo con el fin de reconducir a Teherán hacia la mesa de negociaciones.
“Con base en esta solicitud, he aceptado, para mayor beneficio del MUNDO y, asimismo, para la supervivencia de un Irán próspero y exitoso, cancelar el ataque, sujeto a poder cerrar un ACUERDO rápidamente”
Antes de este giro de timón, Trump había afirmado que Estados Unidos estaba listo para golpear a Irán con niveles de fuerza militar no vistos desde la Segunda Guerra Mundial, añadiendo además que Israel se había comprometido a suspender sus operaciones hasta alcanzar un entendimiento. Por el momento, ni Teherán ni Tel Aviv se han pronunciado formalmente sobre las declaraciones del presidente respecto a supuestos avances diplomáticos, en un contexto en el que el régimen iraní se había mostrado profundamente pesimista en las últimas semanas.
Escalada en el Golfo y cierre de rutas
El anuncio presidencial coincidió con una jornada de alta volatilidad. Irán lanzó una andanada de drones contra Kuwait que obligó a las defensas locales a interceptarlos, golpeando indirectamente a un aliado de Washington. Ante el deterioro de la seguridad, las embajadas estadounidenses en la región instaron a sus ciudadanos a evaluar su salida inmediata, mientras las aerolíneas prolongaban la suspensión de vuelos hacia los centros aeroportuarios del golfo Pérsico ante el riesgo de cierres inminentes del espacio aéreo.
En la práctica, el Estrecho de Ormuz —por el que históricamente transitaba el 20% del petróleo mundial— amaneció bloqueado. La UK Maritime Trade Operations (UKMTO) confirmó que un buque sufrió daños tras el impacto de un proyectil, mientras que otro reportó una explosión en sus inmediaciones.
La retórica bélica había alcanzado cotas críticas en los días previos. Durante una intervención televisada ante su gabinete, Trump advirtió que Washington golpearía con dureza hasta doblegar la voluntad iraní. En respuesta, el alto comandante militar Ali Abdollahi advirtió que cualquier país de la región que sirviera de escudo a Estados Unidos sería «consumido por las llamas de la guerra».
Un frágil alto el fuego hecho trizas
La región disfrutó de un breve respiro a mediados de junio, cuando Washington y Teherán firmaron un memorando de entendimiento para congelar las hostilidades. Sin embargo, el pacto naufragó en julio al reavivarse la disputa por el control de Ormuz. Trump declaró terminado el alto el fuego, reactivó los bombardeos y Teherán respondió golpeando los intereses de los socios árabes de Estados Unidos.
“Los ciclos de escalada y desescalada se están volviendo más rápidos” — Andrew Leber (Carnegie Endowment for International Peace)
Analistas como Andrew Leber advierten sobre la peligrosa velocidad de esta espiral: “Ahora, para cuando Estados Unidos intenta desescalar, Irán ya ha puesto en marcha otro ciclo de escalada. Es difícil ver cómo se detiene esto”.
La onda expansiva del conflicto ha seguido ensanchándose durante el último mes. Dos metaneros de gas natural licuado sufrieron daños por ataques de drones en el puerto egipcio de Damietta, y los rebeldes hutíes en Yemen declararon un bloqueo contra los cargueros petroleros saudíes en el mar Rojo. Paralelamente, Arabia Saudí ejecutó bombardeos aéreos en territorio iraquí, en estrecha coordinación con Washington, para neutralizar a milicias locales respaldadas por Teherán.
Entre la diplomacia y la fatiga mutua
La gestión de la crisis por parte de la Casa Blanca ha oscilado constantemente entre la vía militar y la negociación. Mientras Trump denunciaba la falta de palabra y la supuesta deshonestidad de los interlocutores iraníes —llegando a admitir que su actitud le exasperaba—, los diplomáticos de Teherán expresaban un profundo agotamiento por los constantes colapsos en las conversaciones, señalando que las repetidas amenazas de fuerza por parte de Washington erosionan cualquier base de confianza.
Entre tanto, las economías del Golfo sufren el desgaste directo de una guerra que ya se cobra operaciones militares sobre el terreno. Atrapados entre la desconfianza hacia los compromisos iraníes y la imprevisibilidad de la estrategia estadounidense, los estados de la región observan con incertidumbre el desenlace de esta última tregua verbal.
Agencias

