NotMid 28/05/2026
EDITORIAL NotMid
Las excarcelaciones a cuentagotas de presos políticos persiguen múltiples objetivos. Además de utilizarlos como burda moneda de cambio para obtener prebendas y mantener latente la amenaza represiva, el régimen busca dosificar el entusiasmo y controlar las celebraciones en el seno de la oposición.
Si los hubiesen liberado a todos en bloque, el mismo día, la catarsis colectiva de la ciudadanía habría alcanzado tal magnitud que la algarabía bien pudo haber terminado en una suerte de toma de la Bastilla —o mejor dicho, del Helicoide y de otros símbolos de la autocracia—. Un desborde popular que, muy probablemente, habría precipitado el desplome del sistema.
Los hermanos Rodríguez intentan por todos los medios controlar esa válvula de escape, creyendo que administrando el flujo evitarán lo inevitable. Pero tarde o temprano ocurrirá. Ojalá sea por la vía de las urnas; entonces sí, a lo largo y ancho del país, la celebración no será diferida, sino unánime, y bailaremos felices en las calles.
El “embajador”
Por otra parte, la Asamblea Nacional —designada y no electa— se reunió ayer con un único punto en el orden del día: aprobar el nombramiento de Timoteo Zambrano como embajador en España.
Es una muestra flagrante de la inoperancia de ese parlamento. Aunque, pensándolo bien, casi es preferible que sigan así, sumidos en la vagancia legislativa, antes de que se pongan creativos.
Con todo, resulta difícil interpretar el trasfondo de la designación de Zambrano, quien durante años ejerció como el verdadero “embajador” de Zapatero en Caracas. Pareciera que el decreto hubiese quedado engatillado en la burocracia y no les quedó más remedio que tramitarlo a toda prisa, justo en medio del vendaval político que sacude a España en los últimos días.
Razones de peso habrán tenido, y no cabe duda de que habrá que seguir muy de cerca los pasos de este nuevo representante.

