NotMid 27/05/2026
IberoAmérica
Para comprender la actual encrucijada cubana es necesario mirar una década atrás. Cuando Barack Obama aterrizó en La Habana para consolidar el deshielo, su personalidad avasalladora impresionó a los cubanos y encandiló a la población de los barrios populares. Aquello asustó tanto a la dictadura que hasta el Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba (PCC), balbuceó una excusa: no es que Raúl Castro pareciera dialécticamente empequeñecido, es que el presidente yanki usaba teleprompter. Veían en él a un mago peligroso con demasiados conejos en la chistera.
Esa humorada oficial abrió paso a una marcha atrás que ya ha quedado registrada en la Historia: por miedo a perder el control, el régimen no se atrevió a profundizar las reformas y el deshielo se frustró a mitad de camino. La oportunidad histórica se diluyó.
Hoy, los cubanos, desesperados, salen a protestar incluso en La Habana Vieja, antigua meca del turismo. Si la situación ya era insostenible en 2021 —lo que provocó la rebelión popular del 11-J—, el panorama actual es mucho peor: un pueblo harto de vivir en modo supervivencia y hastiado del mismo relato de las últimas décadas. ¿Ha comprendido el régimen los mensajes de Washington? ¿Tienen capacidad para reformar un sistema al borde del colapso? ¿O son incapaces de leer la realidad por el pavor a perder el control de un país que se les escapa de las manos?
Son interrogantes que siguen en el aire. Sin embargo, ciertas exigencias —que contemplan una salida similar a la tutela que encabeza Delcy Rodríguez en Caracas— ya fueron transmitidas a la familia Castro: la indispensable retirada de Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel debe ir acompañada de reformas económicas inmediatas.
“El Gobierno cubano ya es incapaz de proveer nada al pueblo: ni empleo, ni alimentación, ni salud, ni transporte, ni energía, ni reformas, ni transición democrática, ni utopía comunista. No hay nada que una a este Gobierno de generales ancianos con un pueblo en estampida. De ahí que tantos cubanos en la isla estén pidiéndole a Trump que se apure”, resume para EL MUNDO el escritor y analista Orlando Luis Pardo Lazo.
El factor Washington y el espejo venezolano
El paralelismo con Venezuela y la estrategia de “máxima presión” de Washington sitúan el reciente viaje sorpresa a La Habana del director de la CIA, John Ratcliffe, en el mismo tablero que la última llamada entre Trump y Nicolás Maduro antes de la operación militar contra este último. En su día, el líder venezolano no entendió el ultimátum; el castrismo, por su parte, también se ha encastillado. Tras la imputación penal contra Raúl Castro en la justicia estadounidense, la cúpula cubana optó por movilizar a sus bases entre soflamas revolucionarias.
Mientras tanto, la urgencia social es total y se siente dentro y fuera de la isla. Los cubanos exigen un cambio inmediato: más del 80% apuesta por la democracia y el capitalismo, según macroencuestas de medios independientes. Parte de los expertos consultados creen en la inminencia de un detonante y apuntan a una fecha clave en el calendario: el inicio del Mundial de Fútbol en Norteamérica.
“Tenemos tensiones con China, con Irán, con Rusia, las tuvimos hasta hace poco con Venezuela y vamos a tener una situación con Cuba en las próximas semanas”, adelantó Jenniffer González, gobernadora de Puerto Rico. En sintonía, John Bolton, exasesor de Seguridad Nacional, añadió: “El régimen de Castro podría estar en sus últimas semanas”. Las más de 150 horas de vuelos de espionaje acumuladas en una veintena de misiones desde febrero confirman que Washington se prepara en el Caribe tal como lo hizo en los meses previos a la caída del líder venezolano.
“Los que se oponen a la captura del asesino Raúl son los mismos que se opusieron a la de Maduro. Ténganlo presente: uno ya cayó y Venezuela va a ser libre. El otro pronto caerá y Cuba será libre”, apostilló el líder disidente José Daniel Ferrer durante su gira europea.
La clave de la calle
Otra fuente cercana al Departamento de Estado consultada por EL MUNDO proporciona una clave estratégica: la necesidad de que sea el propio pueblo cubano quien legitime cualquier acción exterior mediante un gran estallido social. Aunque las protestas se han intensificado debido a apagones de hasta 22 horas en la capital, aún no han catalizado en una rebelión nacional como la de 2021. Está por ver qué sucederá durante el verano, cuando la isla hierva por el calor y la escasez de electricidad y gasolina se vuelva insoportable.
“El país está listo para la rebelión, pero falta liderazgo. En el 11-J funcionó el contagio y la magia del internet, pero ahora ese escenario parece bloqueado”, precisa la misma fuente.
“No sé si la administración Trump-Rubio se habrá dado cuenta, pero el tiro de gracia a la revolución tendrá que ser drástico o no será. La solución de fuerza parece inevitable; el castrismo es incapaz de ceder diplomáticamente. Tienen la arrogancia de un monarca medieval”, sentencia Pardo Lazo.
En su libro póstumo Mapa dibujado por un espía, Guillermo Cabrera Infante describió con crudeza el país que encontró en 1965 al regresar para el entierro de su madre. El gran narrador de la otra Cuba detalló los inicios del control social estalinista y la pobreza impuesta por una revolución que él mismo había defendido. El derrumbe paulatino ya había comenzado apenas seis años después del triunfo de los barbudos de Sierra Maestra.
Como si se hubiera quedado congelada en el tiempo, Cuba es hoy el paradigma de un fracaso histórico. Su principal legado es un mapa humano idéntico al que retrató Cabrera Infante, pero desdibujado por el paso de las décadas y el dolor de un pueblo desesperado.
Agencias

