A seis meses de las legislativas, la Casa Blanca es un polvorín. Tras el cese de Bondi y Noemí, la sombra del despido planea sobre figuras clave como Kash Patel y Pete Hegseth, mientras la inflación y la guerra hunden la popularidad del presidente.
NotMid 21/04/2026
USA en español
La administración Trump atraviesa su hora más baja. Con Estados Unidos encallado desde hace dos meses en el frente de Irán y el precio de la gasolina en máximos históricos, los nervios han colonizado el Ala Oeste. Las encuestas reflejan una caída libre en la popularidad del magnate justo cuando se vislumbra un cambio de control en el Congreso. En este clima de asedio, la lealtad ya no es garantía de supervivencia: tras las salidas de Kristi Noem (Inmigración) y Pam Bondi (Justicia), al menos media docena de altos cargos están en la rampa de salida.
Kash Patel: El director del FBI, entre el alcohol y el hockey
El nombre más comprometido es el de Kash Patel. El director del FBI vive sus horas más erráticas tras la dimisión de su número dos, Dan Bongino, y el fracaso de investigaciones mediáticas como el “caso Epstein” o el asesinato de Charlie Kirk. Sin embargo, lo que ha dinamitado su posición no es su gestión política, sino su vida privada.
Un demoledor reportaje en The Atlantic describe a un Patel fuera de control: abuso de alcohol que le obliga a cancelar reuniones, uso de aviones oficiales para fines privados en Las Vegas y una obsesión por el hockey que le llevó a Milán para celebrar en los vestuarios de los JJOO. Con una demanda de 250 millones de dólares contra la revista y la promesa de arrestos inminentes por el “fraude de 2020”, Patel intenta jugar su última carta: el contraataque judicial como escudo laboral.
Pete Hegseth: El silencio del Comandante en Jefe
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, sufre el síntoma más temido en el universo Trump: la invisibilidad. A pesar de liderar una purga ideológica sin precedentes en la cúpula militar, el presidente ha dejado de mencionarlo en sus redes sociales, volcando su atención en J.D. Vance y Marco Rubio.
Hegseth mantiene una guerra abierta con el secretario del Ejército, Dan Driscoll, quien suena con fuerza para sustituirlo. En Washington, la “kremlinología” de los tuits presidenciales sugiere que el tiempo de Hegseth en el Pentágono ha expirado.
El frente de la Inteligencia y el Empleo
- Tulsi Gabbard (Inteligencia Nacional): Aunque Trump valora su implicación en las investigaciones electorales en Georgia, Gabbard carga con el estigma de la traición de su subordinado, Joe Kent. La dimisión de Kent criticando la guerra en Irán ha puesto a Gabbard bajo sospecha.
- Lori Chavez-Deremer (Empleo): Ha sido la última en caer. Su cese fulminante esta madrugada pone fin a un historial de “ambiente tóxico”. El escándalo incluye mensajes de su marido y su padre acosando a jóvenes empleadas para pedirles favores personales y alcohol, un comportamiento que el Congreso ya se disponía a investigar.
RFK Jr. y Chris Wright: Cuando la ideología choca con los votos
Ni siquiera los ideólogos más fieles están a salvo. Robert F. Kennedy Jr. empieza a ser un lastre: su negacionismo de las vacunas choca con unos votantes republicanos que, según las encuestas, sí confían en la ciencia médica. Kennedy ha intentado matizar su discurso, pero en la Casa Blanca se percibe como un gesto tardío.
Por su parte, Chris Wright (Energía) ha cometido el pecado capital: contradecir el optimismo económico de Trump. Al admitir que la gasolina no bajará este año, Wright ha desmontado el relato presidencial de que la guerra en Ormuz no afectaría al bolsillo de los estadounidenses.
El surrealismo de la FEMA
El cuadro se completa con Greg Phillips, director de la FEMA. Con un presupuesto de 300 millones, Phillips ha pasado de las teorías conspirativas a lo paranormal, asegurando haber sido “teletransportado” contra su voluntad a un restaurante Waffle House. Incluso para los estándares de esta administración, la pregunta de Trump en una entrevista reciente lo resume todo: “¿Lo decía en serio o bromeando?”
Agencias

