NotMid 29/05/02026
Opinión NotMid
Una contundente victoria electoral, un liderazgo popular incuestionable y una coalición unitaria sólida: ese es el poderoso marco que sustenta el Manifiesto de Panamá.
Este compromiso inserta definitivamente a las fuerzas democráticas en las nuevas reglas del juego político iniciadas el pasado 3 de enero. Ahora, la pelota está en la cancha de la contraparte, un terreno hoy dominado por la lógica de Donald Trump y Marco Rubio.
Este ecosistema político es tan relevante como el documento mismo, ya que proporciona los cimientos para diseñar la hoja de ruta que conducirá a la transición. Mientras María Corina Machado se consolida en el respaldo popular, en la acera de enfrente se registra un desplome estrepitoso de la valoración de Delcy Rodríguez.
Es una señal inequívoca de que su narrativa y su impostura resultan cada vez más intolerables para la sociedad venezolana.
A casi cinco meses de haber comenzado este nuevo ciclo, queda una certeza absoluta: es imposible excluir del tablero al auténtico liderazgo democrático de Venezuela.
Menos aún cuando este se muestra organizado, articulado y firmemente alineado en torno a una estrategia común y a su referente principal.
La realidad es tajante: la impopularidad de Delcy es tan irreversible como el destino judicial de Maduro.
En la Venezuela de hoy, el que se alinee con la tiranía, se seca.

