Llegó a la presidencia del Gobierno -por todos esos nombres llegó-, pero la abandonará mucho antes de que la presidencia del Gobierno llegue a él. Su legado serán las cenizas de una rosa que aún ha de arder un año más
NotMid 27/05/2026
OPINIÓN
JORGE BUSTOS
Pedro Sánchez presionó mucho -mucho- para que León XIV lo recibiera en el Vaticano antes de visitar España. En principio solo estaba prevista la reunión en la nunciatura española. Al final lo logra, pero no le sale como esperaba. Se veía compartiendo telediario con la primera autoridad moral del planeta, luciendo lado correcto de la Historia, pero esa mañana la Guardia Civil entra en la sede central de su partido para llevarse documentación de cuando allí operaban Cerdán y Leire, siempre a sus órdenes. Los agentes buscan información de una trama de facturas falsas con las que la anterior cúpula de Ferraz, segunda de la era Sánchez, financiaba a una gestapillo montada a raíz de los cinco días de reflexión del hombre profundamente enamorado.
Aquello no fue teatro: fue la señal de hacer dirigida a los que podían hacer, pero no con la retórica voluntarista del expresidente Aznar sino con todo el poder de un presidente en ejercicio resuelto al contraataque. El cometido de los destinatarios de ese mensaje era ilegal, y por eso lo es también la financiación: debían desactivar con amenazas, promesas o extorsiones las investigaciones que podían hacer daño al jefe. Y aquellos fontaneros se pusieron manos a la obra, como bien saben el fiscal Grinda y el teniente coronel Balas.
Cuando Sánchez sale del Vaticano y le informan, se da cuenta de que ha perdido definitivamente el control. Nada le sale como planea. Una nube de cólera le sube por el pecho, pero la domina para convertirla en una vaharada de humor macabro, la mueca del Joker: «Algún compañero me pide adelantar las elecciones porque es consciente de que voy a mejorar mi mayoría parlamentaria, pero yo no puedo convocar elecciones por interés partidista sino por el interés general». No es un delirio sino una calculada amenaza con destino a Felipe y a Page: «Yo caeré, pero antes terminaré de destruir vuestro partido». Sacrificará a la vieja infantería en las municipales por si los votantes escarmentados se apiadan de él en las generales. Ya lo hizo en 2023, y lo va a volver a hacer.
Hermano de David, marido de Begoña, beneficiario de Sabiniano, discípulo de Zapatero, compadre de Ábalos, panegirista de Koldo, mentor de Cerdán, patrón de García Ortiz, socio de Otegi, rehén de Puigdemont. Llegó a la presidencia del Gobierno -por todos esos nombres llegó-, pero la abandonará mucho antes de que la presidencia del Gobierno llegue a él. Su legado serán las cenizas de una rosa que aún ha de arder un año más.

