NotMid 01/09/2026
Análisis NotMid
EL TRIPLE DILEMA DE VENEZUELA
El acuerdo petrolero sobre 65.000 millones de barriles entre el presidente Trump y el gobierno interino coloca a Venezuela frente a un triple dilema.
Sería una irresponsabilidad reducir un asunto de esta inmensa magnitud a consignas simplistas de “sí” o “no”, “legal” o “ilegal”, “patriota” o “entreguista”.
Un país no se construye a punta de gritos y consignas.
Mucho menos con prejuicios paralizantes o con leguleyismo.
Hay que decidir. Estamos hablando de decisiones que condicionarán el destino económico de Venezuela durante varias generaciones.
PRIMER DILEMA: Legitimidad vs. Reconstrucción
Podemos sostener que el gobierno interino carece de legitimidad suficiente para comprometer recursos petroleros de esta magnitud.
Pero esa postura tiene un costo.
Si concluimos que, ante la ausencia de un gobierno plenamente legitimado, no puede firmarse ningún contrato importante (lo que aplicaría a todos los negocios del Estado), la consecuencia práctica será paralizar la reconstrucción petrolera y económica del país.
¿Tres meses? ¿Un año? ¿Tres años? ¿Seis años?
Decir “eso no se puede” es facilismo.
Lo difícil es explicar cómo sostener la economía de los venezolanos mientras esperamos el cambio.
Cada año perdido significa petróleo que no se vende, pozos que no se perforan, infraestructura que no se reconstruye y miles de millones de dólares que el país deja de producir. 65.000 millones de barriles representan, a precios actuales, varios trillones de dólares de petróleo bruto.
No podemos tratar esa oportunidad con frivolidad.
El purismo político tiene un precio.
Y cuando ese precio lo paga Venezuela, deja de ser pureza y comienza a parecer irresponsabilidad.
El dilema es real: aceptar decisiones de un gobierno interino de legitimidad discutible, o correr el riesgo de mantener enterrada durante años una riqueza gigantesca. Mi posición responsable es clara: avanzar.
SEGUNDO DILEMA: Legitimidad política vs. Legalidad de los contratos
Aceptar que un gobierno interino posee capacidad para actuar no significa entregarle un cheque en blanco.
Son dos discusiones distintas; confundirlas produce magníficos discursos, pero ni un solo barril de petróleo ni un dólar de ingresos.
Una cosa es reconocer capacidad de ejecución durante una transición; otra muy diferente es determinar si cada contrato cumple con las leyes venezolanas, el régimen de hidrocarburos y las normas de Estados Unidos.
Eso solo podrá juzgarse seriamente cuando conozcamos los contratos:
¿Quién recibe las concesiones y por cuánto tiempo?
¿Quién invierte y quién opera?
¿Cuáles son las regalías y el régimen tributario?
¿Qué obligaciones de inversión y mecanismos de arbitraje y transparencia existen?
Antes de conocer estas respuestas, declarar alegremente que todo es perfectamente legal —o ilegal— es sustituir el análisis de Estado por propaganda.
Sentenciar contratos que nadie ha leído no es análisis jurídico, es adivinación política irresponsable.
El beneficio potencial es gigantesco: cientos de miles de millones de dólares de inversión y recuperación acelerada. El riesgo también lo es: comprometer activos nacionales mediante contratos defectuosos. Por eso mi voto es: inversión sí, contratos sí, pero públicos, auditables y jurídicamente sólidos.
TERCER DILEMA: ¿Quién administra la renta?
Este será el dilema decisivo, aunque no para hoy.
El petróleo adicional no produce regalías mañana; requiere inversión, infraestructura, capital, riesgo y tiempo.
El flujo fiscal significativo podría tardar 18 meses, dos años o más.
El petróleo no obedece a calendarios políticos. Entre un comunicado y un barril producido hay meses y años de trabajo. Y allí surge la pregunta fundamental: ¿Quién estará gobernando Venezuela cuando comience a llegar ese dinero?
Si continúa el actual gobierno interino: Habrá que establecer mecanismos extraordinariamente estrictos para impedir que la renta se convierta en combustible financiero para perpetuar estructuras transitorias. (Los Estados Unidos ya contemplan esto operando a cuentagotas y con auditorías externas)
Si ya cuenta con un gobierno legítimo: Respaldado por el pueblo y con instituciones reconstruidas, el panorama cambia radicalmente.
Esos ingresos se convertirán en capital para infraestructura, salud, educación y la construcción de una Venezuela de primer mundo.
Conclusión: Gobernar entre la parálisis y el cheque en blanco
No debemos cometer ninguno de los dos errores históricos venezolanos: ni paralizar la producción esperando condiciones perfectas, ni entregar un cheque en blanco a quienes administran transitoriamente el Estado.
Entre la parálisis y el cheque en blanco existe algo que a veces olvidamos: gobernar. Hay que hacer dos cosas simultáneamente: arrancar la reconstrucción petrolera ya y construir desde ya las instituciones que deberán administrar esa riqueza.
No se trata de escoger entre petróleo o legitimidad.
Se trata de conseguir petróleo, legalidad, legitimidad y buen gobierno al mismo tiempo.
Los países que prosperan resuelven problemas simultáneamente; los que fracasan convierten cada desafío en una excusa para no resolver ninguno.
Y hay que hacerlo en el orden y en los tiempos que exige una nación que ha sido destruida y no puede darse el lujo de perder otra década.

