NotMid 01/08/2026
USA en español
Donald Trump parece haber encontrado al socio idóneo para explotar el petróleo venezolano a su medida: Alejandro Betancourt López, un polémico empresario de 46 años que amasó su fortuna al amparo del régimen de Hugo Chávez y que actualmente es investigado por el presunto desfalco multimillonario a PDVSA.
Tras un año de pesquisas para hallar figuras clave que agilizaran las operaciones tras la caída de Nicolás Maduro, la Casa Blanca ha dado luz verde a trabajar con Betancourt, cuya familia controla North American Blue Energy Partners (NABEP), el segundo productor privado de crudo del país.
El viernes, el Gobierno estadounidense anunció un acuerdo para explotar una parte fundamental de las reservas venezolanas —calificado por Trump como “el mayor acuerdo petrolero del mundo”—, que equivaldría a unos 65.000 millones de barriles. Según lo estipulado, Washington se quedará con el 55% del crudo en esta explotación conjunta con NABEP, un pacto calificado por los expertos como “irregular” y “extremadamente inusual”.
En Venezuela, la actual mandataria, Delcy Rodríguez —considerada por muchos un títere a las órdenes de Trump desde enero—, ha respaldado el convenio. En un comunicado, señaló que este tendrá un “impacto significativo en la revitalización del país” y podría generar más de 200.000 millones de dólares en impuestos, abarcando un total de 17 campos petroleros.
El ascenso de un “bolichico”
La figura de Betancourt emergió en 2010, cuando el chavismo le concedió contratos millonarios para construir plantas eléctricas pese a su absoluta inexperiencia en el sector. Rápidamente se ganó el apodo de “bolichico”, término acuñado para referirse a los jóvenes enriquecidos bajo el amparo de la revolución bolivariana.
Proveniente de una familia de clase alta venida a menos —su madre, la diseñadora de joyas Lilia López, y su padrastro, el pintor Domingo Guzmán de Frutos, apenas lograban sostener la economía familiar—, el rumbo financiero de Betancourt cambió radicalmente tras regresar de estudiar en Boston.
A través de su empresa Derwick Associates, logró adjudicaciones por cerca de 5.000 millones de dólares. Aquellas plantas nunca solucionaron la crisis eléctrica que aún sufre Venezuela, pero el empresario y sus socios se embolsaron unos 2.900 millones de dólares en sobreprecios, según las investigaciones posteriores. Con este capital, dio el salto al sector petrolero al adquirir una participación en Petrozamora, yacimientos en el lago de Maracaibo que sentaron las bases de NABEP, empresa que ha expandido su producción desde 2024.
Investigación internacional y pragmatismo en Washington
Las cuentas bancarias de Betancourt en Suiza llevan una década bajo la lupa por blanqueo de capitales. Además, la Audiencia Nacional en España lo acusa de haber sobornado con 42 millones de dólares a funcionarios de PDVSA para defraudar cerca de 5.000 millones y blanquearlos en bienes raíces de lujo. Sobre él también pesaba una orden de extradición desde el Reino Unido —donde posee dos mansiones—, y fuentes diplomáticas aseguran que la Administración estadounidense presionó a las autoridades suizas para levantarle las restricciones de viaje y facilitarle un visado del Departamento de Estado.
A pesar de su turbio historial, fuentes de Washington señalan que Trump ha optado por hacer borrón y cuenta nueva, priorizando su experiencia en el sector. Tanto el secretario de Estado, Marco Rubio, como otros altos cargos consideran a Betancourt el intermediario idóneo para ejecutar un plan urgente: compensar con crudo venezolano la escasez derivada del conflicto con Irán y los cuellos de botella en el estrecho de Ormuz que mantienen disparado el precio de los combustibles.
Agencias

