NotMid 26/08/2026
Estilo de vida
LOUISVILLE, Kentucky — Cada verano, los herederos de una de las mayores fortunas de la industria de las bebidas alcohólicas en EE. UU. se reúnen en el corazón del bourbon para un picnic familiar. Este año hubo mucho de qué hablar y poco que celebrar.
Los beneficios de Brown-Forman disminuyen y las ventas de su whisky insignia, Jack Daniel’s, pierden fuelle. El director ejecutivo se marcha, las acciones del gigante de las bebidas espirituosas se han desplomado un 60 % en cinco años —a contramano de un mercado bursátil récord—, las negociaciones de fusión fracasaron en primavera y un rival local ha lanzado una oferta de adquisición hostil por 15.000 millones de dólares.
Esta tormenta perfecta ha abierto una profunda brecha en el clan que, durante más de 150 años, ha controlado la compañía acumulando una riqueza estimada por Forbes en 11.000 millones de dólares. Con un estatus similar a la realeza en Louisville, los Brown han usado su fortuna para coleccionar arte, fundar granjas e incluso atesorar reliquias históricas como el rifle de Buffalo Bill.
La revuelta de los herederos
Poco antes del encuentro estival, dos disidentes enviaron una mordaz carta de siete páginas a más de 130 familiares. En ella denunciaban que la empresa estaba en crisis y que la cúpula directiva se había enriquecido a pesar de una estrategia fallida, criticando además al consejo por mantenerlos al margen de las conversaciones de fusión.
“Las cifras son contundentes e innegables […] El precio de las acciones ha caído de mediados de los 70 dólares a los 20 dólares en los últimos tres años, eliminando miles de millones en riqueza generacional”, señalaba el texto del 10 de julio, al que tuvo acceso The Wall Street Journal.
La misiva, firmada por W.L. Lyons Brown III y su hermano Stuart R. Brown —hijos de un histórico presidente de la compañía—, tildaba a la dirección de “premiar el fracaso”. En una de sus críticas más agudas, compararon la diversificación de Jack Daniel’s con los helados de Baskin-Robbins debido a la saturación de sabores.
Hoy en día, ambos hermanos operan como ajenos a la estructura de poder, desempeñando el rol de agitadores en un clásico drama de riqueza generacional. Lyons, de 66 años y exdirectivo apartado en 2002 tras un enfrentamiento interno, fundó su propio negocio de bebidas en California para competir con su propia familia.
Entre la tradición y el mercado
A pesar de que la familia conserva al menos el 70 % de las acciones con voto (repartidas entre más de 100 herederos), el poder real está concentrado en Wolf Pen Branch, una entidad de inversión familiar creada en 2017 para unificar el voto y bloquear posibles ventas, como la fallida oferta de Constellation Brands en su día.
El trasfondo de esta crisis responde también a un cambio en los hábitos de consumo:
- Los estadounidenses beben menos; una encuesta recentísima de Gallup sitúa el porcentaje de bebedores en su mínimo histórico.
- La inflación empuja a los consumidores a buscar alternativas económicas, como cócteles listos para beber, cannabis o bebidas con THC.
Ante la debilidad de las ventas, Brown-Forman despidió al 12 % de su plantilla, cerró una histórica tonelería en Louisville y ha visto cómo sus apuestas recientes por el ron (Diplomático) o la ginebra (Gin Mare) sufrían recortes de valor.
Un futuro en encrucijada
Mientras el actual presidente del consejo, Marshall Farrer, intenta calmar las aguas defendiendo el enfoque a largo plazo de la compañía —la cual sigue pagando dividendos constantes tras 42 años de aumentos—, la presión externa no cesa.
El gigante local Sazerac (productor de Buffalo Trace) insiste en su OPA hostil con una prima del 40 %, respaldada por potentes socios financieros.
Con un director ejecutivo dimitido, una familia dividida entre la lealtad corporativa y la disidencia, y un mercado que le da la espalda a los licores tradicionales, el imperio del bourbon se enfrenta al capítulo más desafiante de su historia.
Agencias

