El secreto está en robar bastante y luego cooperar con el gobierno norteamericano
NotMid 17/09/2026
OPINIÓN
LAUREANO MÁRQUEZ
De lo sucedido esta semana se desprende que robar en Venezuela es buenísimo, si se sabe hacer con una buena dosis de cooperación institucional y cinismo.
El asunto es que hay que robar mucho, porque al final estos ladrones antiimperialistas lo que quieren es vivir en el imperio.
El secreto está en robar bastante y luego cooperar con el gobierno norteamericano, de manera que este se lleve un altísimo porcentaje de lo robado (que nunca volverá al pueblo venezolano, su verdadero dueño) y el ladrón, con el repele de milloncejos de dólares que le quede bajo el colchón, pueda disfrutar de una existencia tranquila, al amparo y protección de las autoridades del norte.
No basta con ser corrupto: hay que tener una libretica donde ir anotando nombres, cifras y datos de toda la trama en la que se participa.
Esas informaciones son las que, suministradas en el momento oportuno, le permitirán al ladrón obtener su libertad en Estados Unidos con una sentencia reducida.
Con los datos obtenidos, los jueces procederán a nuevas detenciones y embargos de fortunas hasta dar con el más bolsa: aquel que «apenas» se robó una docena de millones de dólares y que, desprevenido y sin libretica, se queda sin margen de negociación y, en consecuencia, sin posibilidad de partir la cochina.
El fruto de la corrupción también resulta un negocio redondo para el gobierno norteamericano. Representa la transferencia de fondos más brutal de un país a otro en toda su historia.
Nuestros ladrones de cuello blanco no se conforman con robarse el 10% de la represa que producirá la energía hidroeléctrica, como haría cualquier «corrupto decente» del primer mundo. Los nuestros se roban la represa entera y, por si fuera poco, desvían el río sobre el que se levantaría para saquear también el oro, imposibilitando para siempre su construcción, causando un daño ecológico irreparable y dejando a la nación en la más absoluta penumbra.
En definitiva, el monto de lo robado por estos predios es exorbitante, incalculable, descomunal, inconmensurable, hercúleo.
Y todo lo que saquean en nombre de la lucha antiimperialista termina, at the end of the day, en las arcas del tesoro de los Yunay Esteys.
Robar es, como hemos dicho, un excelente negocio en Venezuela, pero no para los niños que pierden la vida en el Hospital J. M. de los Ríos, ni para quienes mueren de mengua en centros de salud desmantelados.
Tampoco lo es para las universidades del país, obligadas a pagar sueldos de miseria a sus profesores y a paralizar sus aulas por asfixia presupuestaria, destruyendo la educación que impulsa el progreso de la nación.
Robar es bueno, pero no para quien trabaja honradamente durante treinta o cuarenta años esperando, con el fruto de sus ahorros y una jubilación digna, vivir sus últimos años en paz y seguridad. Y a este, si protesta con justicia por lo que le pertenece, lo meten preso el mismo día en que el otro recupera su libertad.
Esta es la conclusión a la que llegamos tras las noticias de esta semana. Y eso sin contar lo que todavía no se “saabe”.
(*) Este artículo se publicó hace cuatro años pero, ¿verdad que parece que fue escrito ayer?
Laureano Márquez P.
@laureanomar

