NotMid 24/09/2026
EUROPA
Rusia prepara nuevos ataques con drones en Europa, pero en esta ocasión el objetivo se desplaza hacia los países mediterráneos. Los servicios de Inteligencia de Estados Unidos han recabado información detallada sobre los planes de escalada del Kremlin, una alerta que ya ha sido compartida con varios gobiernos europeos.
«Utilizarán drones lanzados desde el mar, ocultos en contenedores mercantes; no reviste ninguna dificultad técnica», explica una fuente cercana al Ministerio de Defensa de Lituania que exige el anonimato.
Moscú lleva tiempo pergeñando la justificación para esta escalada, argumentando que el suministro occidental de armamento e inteligencia a Ucrania convierte a las potencias europeas en objetivos legítimos. Hasta ahora, Rusia había actuado por debajo del llamado “umbral bélico” para evitar una respuesta coordinada de la OTAN. Sin embargo, su campaña de sabotajes contra aliados de Kiev va en aumento, pasando de incidentes aislados —como el desvío de 19 drones sin munición al espacio aéreo polaco el año pasado— a acciones más graves, como el reciente despliegue de drones armados en el aeropuerto de Leipzig, atribuido a la inteligencia rusa por las autoridades alemanas.
El arma: la amenaza invisible del dron ‘Gerbera’
Las autoridades lituanas han identificado el modelo exacto que Rusia planea utilizar contra España, Francia o Italia: el dron Gerbera. Este dispositivo presenta características idóneas para el camuflaje naval:
- Dimensiones: 2 metros de longitud y 2,5 metros de envergadura (sus alas pueden desmontarse o plegarse para encajar en un contenedor estándar).
- Peso: Hasta 18 kilos.
- Velocidad y alcance: 160 km/h con un rango máximo de 600 kilómetros.
- Carga explosiva: Entre 4 y 5 kilos.
Un barco mercante puede transportar múltiples unidades de este modelo, que se catapulta con mucha mayor facilidad que los pesados Shahed o Geran. Lanzado desde aguas internacionales, a unos 200 o 300 kilómetros de la costa, el vuelo duraría menos de dos horas. Aunque su reducida carga explosiva no permite destruir grandes infraestructuras, es más que suficiente para provocar un incendio, dañar radares o paralizar temporalmente un aeropuerto. El objetivo no es la destrucción masiva, sino el impacto político, económico y psicológico.

La alerta de la CIA y la reacción de Europa
Lituania y otros países aliados manejan esta información desde el misterioso viaje a Moscú del director de la CIA, John Ratcliffe, el pasado 25 de agosto. Ratcliffe voló en un avión militar estadounidense que hizo escala en Riga, en pleno flanco báltico. Según revelaron medios como The Wall Street Journal y Politico, el objetivo del viaje era advertir severamente a Rusia contra cualquier ataque a la OTAN.
Según fuentes diplomáticas, los gobiernos de España, Francia e Italia recibieron el informe de la CIA detallando la inminencia de una operación naval con drones. La credibilidad del dosier quedó patente en la excepcional reacción del presidente francés, Emmanuel Macron: el 16 de septiembre reunió de urgencia al Consejo de Defensa y, dos días después, convocó en el Elíseo a todos los líderes políticos y candidatos presidenciales de 2027.
¿Por qué España, Francia e Italia?
La elección de los objetivos no es casual. Los tres países celebran elecciones en 2027 y cuentan con fuerzas políticas radicales capaces de capitalizar el desgaste ciudadano por la guerra en Ucrania. En Francia e Italia, además, existen sectores con claras simpatías hacia el Kremlin. Como ejemplo, el candidato izquierdista francés Jean-Luc Mélenchon atribuyó recientemente la intensificación de la amenaza rusa a los «ataques de largo alcance» ucranianos.
Keir Giles, analista británico especializado en estrategia militar rusa y excolaborador de la Academia de Defensa del Reino Unido, advierte que la lejanía geográfica de España no es un escudo. «El objetivo estará allí donde se encuentre el punto más débil de Europa», sostiene. Giles señala a España y Reino Unido como países especialmente vulnerables por «no haber invertido en sistemas integrados de defensa aérea y antimisiles adecuados para la amenaza rusa».
Para Moscú, la elección del blanco responde a una ecuación de riesgo-beneficio: golpear donde la falta de resiliencia civil y la fragilidad política garanticen el mayor impacto mediático.
Ensayos previos y tácticas de represalia
La idea de utilizar buques civiles como lanzaderas no es nueva. Hace un año, el medio ucraniano Defense Express ya alertó sobre el posible uso de petroleros de la flota fantasma rusa. De hecho, en 2020, la empresa rusa ZALA (vinculada al consorcio Kalashnikov) realizó demostraciones lanzando drones desde embarcaciones en movimiento, experimentos que reanudaron el pasado octubre desde plataformas marítimas.
El flanco norte ya ha sufrido avisos. En febrero, la armada sueca detectó e interfirió un dron lanzado desde el buque de inteligencia ruso Zhigulevsk en el Báltico, muy cerca de donde navegaba el portaaviones francés Charles de Gaulle. Meses después, un buque de guerra ruso disparó bengalas contra un helicóptero danés.
Ahora, los círculos prorrusos miran al Mediterráneo. El 19 de septiembre, el influyente canal militar de Telegram Rybar publicó un mapa titulado «Medicina rusa contra la arrogancia francesa», sugiriendo que drones suministrados a Argelia podrían golpear fábricas aeronáuticas y centrales nucleares en el sur de Francia.
En el fondo, la inteligencia báltica interpreta esta agresividad como una represalia directa por los estragos que Ucrania está causando en el sector energético ruso. Moscú busca emular la operación Spider Web ucraniana —donde Kiev camufló drones en camiones dentro de Rusia— para llevar el miedo a las calles de Europa Occidental, dividir a la OTAN y frenar el apoyo militar a Ucrania.
«Rusia no se va a esconder. Simplemente debemos estar preparados para evitar las consecuencias», sentencia el ministro de Asuntos Exteriores de Lituania, Kestutis Budrys.
Agencias

