NotMid 29/06/2026
IberoAmérica
Una nueva réplica de magnitud 5,1 volvió a sacudir ayer a Caracas, despertando el trauma de una población que intenta sobrevivir entre escombros y la incertidumbre. El movimiento, que sembró el pánico en edificios ya dañados, sirvió como un crudo recordatorio: la tragedia apenas comienza. “Me asusté mucho, el edificio se movía con una fuerza terrible. Mi gata salió corriendo y yo tuve que recurrir a medicación por el ataque de pánico”, relata Francis Rodríguez, residente de Parque Central.
El rostro humano de la tragedia
A los pies de los edificios, la Avenida Bolívar se ha transformado en un campamento improvisado. Miles de personas —refugiados de estructuras colapsadas en la capital y la costa— pernoctan en tiendas de campaña, conformando el rostro de una crisis que ya contabiliza 1.719 muertos, más de 5.000 heridos y cerca de 45.000 desaparecidos. Mientras la sociedad civil organiza la búsqueda, el tiempo juega en contra: las 100 horas críticas para la supervivencia humana expiraron la noche del domingo.
Rescate bajo sospecha
La labor humanitaria se desarrolla en un escenario surrealista. Francisco Lermanda, jefe de los “topos” chilenos, denunció que los rescatistas son hostigados por militares que, armados y bajo órdenes directas, exigen documentos repetidamente por temor a “espías chilenos o estadounidenses”.
La desconfianza del régimen ha alcanzado niveles críticos. El domingo, el ministro Diosdado Cabello fue visto discutiendo con rescatistas estadounidenses, bloqueando el acceso a zonas colindantes. Zair Mundaray, ex fiscal general adjunto, advierte que la paranoia de Cabello —quien enfrenta una recompensa de 25 millones de dólares por parte de EE. UU.— está paralizando las labores de salvamento. “El control político y burocrático ralentiza todo. La vocería de emergencia es solo propaganda”, denuncia.
Geopolítica en la zona cero
Mientras el chavismo intenta mantener el control social y evitar que la crisis capitalice políticamente a la oposición, la presencia estadounidense aumenta. El destructor USS Fort Lauderdale arribó anoche al puerto de La Guaira, marcando un nuevo capítulo en la compleja relación entre Washington y Caracas.
El analista político Enderson Sequera resume la encrucijada del régimen: “El chavismo antepone su manual de control y represión a la urgencia humanitaria. Deben aceptar la ayuda internacional para cumplir ante la comunidad global, pero intentan imponer una lógica de vigilancia que impide salvar más vidas”.
Agencias

