NotMid 10/08/2026
ASIA
La nueva mili de los robots humanoides en Pekín
La clase arranca a primera hora con el golpeteo metálico de las manos de unos alumnos que todavía no distinguen bien entre un vaso de cristal y una caja de cartón. Los estudiantes, robots humanoides de 1,66 metros de altura, permanecen inmóviles hasta que reciben la orden de un profesor equipado con gafas de realidad virtual, auriculares, sensores en los brazos y mandos que recuerdan a los de una videoconsola.
Los docentes, todos jóvenes ingenieros, mueven lentamente los brazos mientras, frente a ellos, un centenar de robots imitan cada gesto como si fueran su reflejo en un espejo, unidos por un cordón umbilical invisible de datos. Si el profesor gira la muñeca, el robot la gira; si estira el brazo para coger un objeto, la máquina hace lo mismo. Si falla, vuelve a empezar; si tropieza, el arnés que cuelga del techo evita la caída.
Miles de veces al día se repite esta escena en un edificio de Shijingshan, un antiguo polo industrial al oeste de Pekín reconvertido en el epicentro tecnológico de la mayor escuela de entrenamiento para robots humanoides del mundo. Aquí educan a las máquinas con las que la superpotencia asiática espera tejer la gran fuerza laboral del futuro.
Fábricas de habilidades y «inteligencia encarnada»
El edificio simula una híbrida factoría, laboratorio de inteligencia artificial y escuela de formación profesional. En una planta, los robots aprenden a doblar ropa o sacar medicamentos; en otra, practican la logística industrial moviendo cajas o clasificando paquetes.
Todo está diseñado con precisión milimétrica para emular el mundo real:
- Cocinas con platos sucios.
- Salones con sofás y juguetes infantiles.
- Líneas de montaje idénticas a las del sector automotriz.
- Cambios constantes de iluminación para que una taza se reconozca tanto bajo luz blanca como amarillenta.
Detrás del proyecto están el Gobierno y la empresa Leju Robotics. “Entrenar un robot se parece mucho a enseñar a un niño pequeño o a una mascota”, explica el instructor Zhang Lifeng. “Todo consiste en ensayo, error, demostración y repetición”.
Leng Xiaokun, fundador de Leju, detalla que utilizan modelos nacionales de IA como cerebro de las máquinas: “Los robots son el cuerpo que ejecuta las decisiones. Este proceso es lo que conocemos como inteligencia encarnada“. Por su parte, la profesora Feng Lu, que pasa seis horas diarias repitiendo idénticos movimientos, resume el proceso: “Al principio el robot no tiene conciencia. Tengo que controlarlo manualmente. Después aprende con los datos y ya puede hacerlo solo”.
Los resultados ya trascienden el laboratorio. Varios graduados metálicos operan en plantas del fabricante automovilístico FAW Hongqi, alcanzando una productividad del 70% en comparación con un operario humano experimentado.
Del laboratorio a la red nacional y el dominio global
La fiebre formativa no se detiene en Pekín. Desde Shanghai hasta Shenzhen, China levanta una red de «escuelas profesionales para androides» a una velocidad vertiginosa. En Zhangjiang (Shanghai), un centro de más de 5.000 metros cuadrados busca romper una de las mayores barreras del sector: unificar arquitecturas y motores heterogéneos para que robots de distintas marcas puedan compartir datos y aprender conjuntamente.
Esta estrategia cuenta con el respaldo total del Ejecutivo de Xi Jinping. Combinando subsidios, financiación pública y compras estatales —en la línea de lo ocurrido con los paneles solares y los vehículos eléctricos—, los resultados ya lideran las estadísticas mundiales:
- 85% del mercado mundial de humanoides concentrado en manos chinas (según Barclays).
- Más de 13.000 unidades vendidas en 2025, destacando empresas como AGIBOT y Unitree, muy por encima de rivales estadounidenses como Figure AI o Tesla.
- Un fondo estatal de un billón de yuanes (unos 120.000 millones de euros) destinado a las «nuevas fuerzas productivas».
- Una previsión de superar el millón de envíos anuales de robots avanzados para 2030.
Incluso la rentabilidad empresarial es ya una realidad: Unitree declaró una facturación de 1.700 millones de yuanes (220 millones de euros) y un beneficio superior a los 278 millones de yuanes el año pasado.
Entre el reto demográfico y la gran sustitución
Toda esta apuesta responde a una urgencia demográfica ineludible: China envejece a un ritmo histórico. La población en edad de trabajar, que rozó los 1.000 millones, podría desplomarse hasta los 300 millones antes de finalizar el siglo.
Frente a este horizonte, la automatización plantea dilemas complejos sobre la llamada «gran sustitución». Figuras empresariales como Liu Qiangdong, fundador de JD.com, ya advierten que los robots terminarán reemplazando a colectivos enteros, como sus más de 700.000 repartidores.
Y el salto no se limita al ámbito laboral; el foco también apunta al hogar y a la compañía emocional. Empresas como UBTech han abierto la preventa de androides ultrabiónicos dotados de IA afectiva y 88 articulaciones, diseñados para entablar conversación, ver una película o mitigar la soledad, abriendo un debate ético y social sobre los vínculos entre humanos y máquinas en las próximas décadas.
En Shijingshan, ajena a estos debates macroeconómicos, la siguiente clase ya ha comenzado. Una profesora se ajusta los sensores en los brazos mientras un robot aguarda inmóvil. En unos minutos volverá a equivocarse al intentar abrir un cajón. Y cada uno de esos pequeños fallos viajará de inmediato a una gigantesca base de datos.
Porque la verdadera radiografía de la revolución tecnológica china no se esconde tras un robot bailando en un escenario para hacerse viral, sino en la paciencia infinita de cientos de máquinas aprendiendo, golpe a golpe, a imitar los gestos cotidianos de la vida humana.
Agencias

