NotMid 11/08/2026
IberoAmérica
El suelo del Eje Cafetero comenzó a ondularse a las 7.34 de la mañana de ayer con una violencia inusitada. Durante un minuto interminable, el fuerte temblor que sacudió el centro de Colombia dejó al menos 170 muertos, 680 heridos y numerosos edificios colapsados con personas atrapadas bajo los escombros. El Servicio Geológico Colombiano (SGC) situó el epicentro a 20 kilómetros de San Juan del Palmar, en el departamento del Chocó, una zona cuya capital, Quibdó, sufrió graves destrozos al igual que Cali, Manizales y Pereira.
La emergencia obligó a Aerocivil a ordenar el cierre de los aeropuertos de las urbes afectadas y el de Armenia, el único operativo que quedaba en la región cafetera. Las autoridades también cortaron el acceso a las principales carreteras debido al alto riesgo de derrumbes.
La primera gran crisis del Ejecutivo
El presidente Abelardo de la Espriella, que asumió el cargo el pasado viernes, asumió de inmediato el control del Puesto de Mando Unificado en Bogotá y decretó el estado de desastre nacional para agilizar los recursos destinados a la reconstrucción. “Estaré personalmente en Pereira para acompañar a los afectados y verificar la respuesta del gobierno”, anunció el mandatario a través de sus redes sociales, enfrentándose a su primera gran prueba de fuego al frente del país.
“A los colombianos que hoy atraviesan momentos difíciles quiero decirles que no están solos. Tienen un presidente al que le duele su gente y hará todo lo necesario para protegerlos”, manifestó el nuevo mandatario en un mensaje de tranquilidad a la nación.
Las cifras de víctimas continúan actualizándose a cuentagotas debido a la complejidad de las comunicaciones. Desde Cali, la gobernadora del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro, confirmó la muerte de 27 personas en el departamento —incluidos tres niños en Calima El Darién— y advirtió sobre el colapso parcial de una sección del Hospital Universitario de Cali, donde al menos cinco pacientes de cuidados intensivos permanecen bajo los escombros. En Pereira, las autoridades locales elevaron la cifra de fallecidos, mientras que en Manizales los daños estructurales golpearon edificios emblemáticos como la catedral y varias clínicas.
Testimonios de la tragedia
El impacto emocional del seísmo retrotrajo a muchos colombianos al devastador terremoto de enero de 1999.
“El suelo se movía como ondas de agua, muy rápido, y sentías que todo iba rompiéndose”, relata Camilo Arango, analista del diario digital El Reportero de Manizales. “Nuestra ciudad es sísmica, pero este fue un sacudón muy bravo. Manizales estaba despertando y pronto supimos del colapso de edificios enteros y daños en la catedral”.
Por su parte, Lupi Herrera, directora de documentales, vivió el temblor en el Aeropuerto Internacional Matecaña de Pereira. “Mientras esperábamos, el techo se caía a pedazos, los tubos se reventaban y saltaban chispas de luz. Los turistas extranjeros no entendían qué pasaba, pero quienes tenemos memoria del 99 lo vivimos con un pánico doble”, confiesa.
Dinámica tectónica y respuesta oficial

Según los análisis sismológicos, la actividad responde a una dinámica natural del occidente colombiano asociada a la placa de Nazca. El profesor Rodrigo León, de la Universidad de los Andes, explicó que se trató de un seísmo interplaca tipo intraslab a gran profundidad, lo que facilitó que las ondas sísmicas viajaran grandes distancias con menor pérdida de energía, percibiéndose con fuerza desde Bogotá hasta Ecuador y Panamá.
Ante el aluvión de bulos en redes sociales, la Presidencia de la República ha establecido que sus canales sean el único portavoz oficial. Mientras los equipos de rescate continúan peinando los escombros con ayuda de expertos llegados desde Bogotá, el país aguarda con cautela el avance de las inspecciones en las zonas más incomunicadas.
AGENCIAS

