NotMid 28/08/2027
USA en español
The Washington Post
Altos funcionarios de EE. UU. intervinieron en una investigación penal internacional sobre un empresario venezolano que fue reclutado por la administración Trump para ayudar a ejercer el control sobre el gobierno y las industrias petroleras de Venezuela, según dos personas familiarizadas con el asunto. Los funcionarios cabildearon para resolver el caso en Suiza de una manera que evitara cargos penales y pusiera fin a las restricciones de viaje contra el empresario residente en el Reino Unido, Alejandro Betancourt, y no han actuado ante una orden de arresto suiza emitida en su contra, según las dos fuentes, quienes hablaron bajo condición de anonimato para discutir un asunto delicado.
En su lugar, Estados Unidos ha permitido que Betancourt ingrese al país en repetidas ocasiones para reunirse con la administración Trump, según otras personas familiarizadas con sus viajes.
Betancourt, de 46 años, se ha enfrentado en la última década a múltiples investigaciones en Suiza, España y Estados Unidos por presunto lavado de dinero, incluyendo su posible participación en un acuerdo de préstamo que, según los fiscales estadounidenses, desvió más de 1.000 millones de dólares de la compañía petrolera estatal de Venezuela.
Betancourt fue arrestado dos veces en el Reino Unido en 2025: primero tras una orden emitida por España en una investigación conexa por lavado de dinero, y en noviembre a petición de Suiza. Durante meses, a Betancourt se le prohibió salir del Reino Unido mientras las autoridades de ese país evaluaban su extradición a Suiza.
Betancourt no ha sido acusado formalmente en EE. UU., Suiza, España ni Venezuela.
El abogado de Betancourt en EE. UU., Jon A. Sale, ha negado previamente la participación de su cliente en actividades de lavado de dinero. “Mi cliente niega cualquier irregularidad”, declaró Sale al Miami Herald en un artículo de 2021 sobre su vinculación con una investigación del Departamento de Justicia.
Semanas después de que los militares estadounidenses capturaran al presidente venezolano Nicolás Maduro el 3 de enero, altos funcionarios de EE. UU. comenzaron a presionar a los funcionarios suizos para resolver su caso contra Betancourt, señalaron las personas familiarizadas con las discusiones.
Betancourt, cuya empresa es el segundo mayor productor petrolero privado en Venezuela, es ahora un intermediario clave entre EE. UU. y Venezuela, incluso actuando junto a la presidenta encargada Delcy Rodríguez, según personas con conocimiento de su rol.
Mauricio Claver-Carone, quien hasta hace poco se desempeñó como asesor no oficial sobre Venezuela para la administración Trump, ha descrito a Betancourt como un “aliado importante” para Estados Unidos. A medida que EE. UU. tomaba el control, Betancourt desempeñó un papel clave en la organización de contratos iniciales para reactivar rápidamente la extracción de petróleo, de acuerdo con fuentes informadas sobre el asunto.
En enero, el subsecretario de Estado Christopher Landau se comunicó con el Departamento de Asuntos Exteriores de Suiza en relación con Betancourt, indicaron personas con conocimiento de la comunicación, quienes hablaron bajo condición de anonimato para discutir detalles delicados.
En febrero, la entonces fiscal general Pam Bondi conversó con el fiscal general suizo sobre la investigación contra Betancourt, según las fuentes familiarizadas con las discusiones. Un mes después, Todd Blanche, entonces fiscal general adjunto, participó en una llamada con fiscales suizos, añadieron los informantes.
Para Estados Unidos era importante que Betancourt tuviera libertad de viajar, según se dice que señaló Blanche a los participantes en la llamada, siendo preferible que el caso se resolviera sin sanciones penales. A Blanche lo acompañó en la llamada Colin McDonald, fiscal general adjunto de la división nacional de aplicación de la ley contra el fraude, quien también participó en otras dos llamadas entre los abogados de Betancourt y los fiscales suizos, de acuerdo con las fuentes.
El Departamento de Justicia declinó hacer comentarios sobre las conversaciones.
Personas familiarizadas con la postura de Betancourt atribuyeron las investigaciones a fiscales suizos demasiado entusiastas. El hecho de que un caso relacionado en Venezuela fuera desestimado y que otras investigaciones no hayan derivado en cargos debilita el caso suizo, afirmaron.
Este informe de The Washington Post sobre el papel de Betancourt en la Venezuela controlada por EE. UU. se basa en entrevistas con más de una docena de personas con conocimiento de la situación, incluidos funcionarios estadounidenses actuales y anteriores, así como allegados a Betancourt. Casi todos hablaron bajo condición de anonimato debido a la sensibilidad del asunto o por no estar autorizados a declarar ante la prensa.
Durante el primer mandato del presidente Donald Trump y durante la administración Biden, Betancourt fue barajado como un objetivo potencial de sanciones estadounidenses, según tres personas familiarizadas con el tema. Nunca fue sancionado y ha negado sistemáticamente cualquier irregularidad.
“Es desconcertante ver que un hombre que fue ampliamente señalado como sujeto de una importante investigación de lavado de dinero en EE. UU. sea ahora potencialmente beneficiario de un trato favorable por parte de Washington”, expresó Shane Stansbury, ex fiscal del Distrito Sur de Nueva York.
Allegados a Betancourt señalaron que la administración recurrió a él en busca de ayuda debido a su historial de éxito en el complejo sector petrolero venezolano, una industria plagada de desafíos que incluyen violencia, infraestructura deteriorada y crónicas escaseces de energía.
En mayo, Suiza retiró su solicitud de extradición al Reino Unido y se levantaron las restricciones de viaje británicas.
Los fiscales suizos indicaron ese mismo mes que su investigación seguía activa y buscaron que fuera detenido en otra jurisdicción. Casi al mismo tiempo, ampliaron una orden de arresto internacional contra Betancourt y las autoridades suizas enviaron una solicitud al Departamento de Justicia para detenerlo en Estados Unidos, afirmaron personas con conocimiento del caso. El departamento no ha tomado ninguna medida al respecto.
En junio, Caleb Orr, subsecretario de Estado para asuntos económicos, energéticos y empresariales, solicitó al Consulado de EE. UU. en Londres que le emitiera a Betancourt una visa de un año con entradas múltiples, según fuentes informadas sobre la petición. Desde entonces, ha viajado al menos dos veces a EE. UU., además de realizar viajes a Venezuela, de acuerdo con personas al tanto de sus desplazamientos.
El papel de Betancourt como socio clave de EE. UU. para reactivar la industria petrolera venezolana es el ejemplo más reciente de la diplomacia entre bambalinas de la administración Trump en el país, afirman analistas de Venezuela y ex funcionarios estadounidenses. A pesar de prometer transparencia en la gestión de las ventas de petróleo venezolano, los acuerdos de la administración en el país han estado rodeados de secretismo, sostienen.
El ministerio de comunicaciones de Venezuela no respondió a una solicitud de comentarios. En respuesta a una solicitud de declaraciones, la Casa Blanca remitió las preguntas a los Departamentos de Estado y de Justicia.
Un alto funcionario del Departamento de Estado declinó comentar sobre cualquier papel desempeñado por Betancourt, señalando que el departamento “no hace comentarios sobre acciones relativas a conversaciones diplomáticas privadas y casos específicos de visas debido a la confidencialidad de los registros”.
“El Departamento de Estado sigue comprometido con impulsar el plan de tres fases para la estabilización, la recuperación económica, la reconciliación y la transición democrática en Venezuela”, declaró el funcionario. “La administración Trump está remodelando y reformando el sector petrolero de Venezuela en beneficio tanto del pueblo estadounidense como del venezolano”.
El Departamento de Justicia declinó hacer comentarios sobre Betancourt, pero emitió la siguiente declaración: “No podemos comentar sobre investigaciones en curso”, indicó la entidad en respuesta a una lista de preguntas escritas. “Sin embargo, no es inusual que múltiples jurisdicciones lleven a cabo investigaciones sobre los mismos individuos al mismo tiempo, incluidos EE. UU. y países extranjeros, y cuando esto ocurre, a menudo hay solicitudes de asistencia concurrentes que deben evaluarse en el curso normal”.
Los defensores de Betancourt lo describieron como un socio fiable que compartía el interés declarado de EE. UU. de reactivar el sector petrolero venezolano, señalando que ningún otro petrolero había logrado alcanzar tanto éxito.
Betancourt ha incrementado la producción de petróleo de su empresa basada en Venezuela, North American Blue Energy Partners (NABEP), pasando de 18.000 a casi 200.000 barriles diarios en apenas dos años. Dicha recuperación comenzó antes de la captura de Maduro, según personas familiarizadas con NABEP. Con el respaldo del gobierno estadounidense, se espera que el negocio de Betancourt prospere, indicó otra fuente.
“Prácticamente se ha convertido en el gran oligarca en Venezuela”, comentó dicha persona.
El ascenso de un empresario hermético
El ascenso de Betancourt —desde un joven empresario venezolano que amasó una fortuna hasta alcanzar lo que algunos describen como una posición preeminente con la administración Trump— ha alarmado a algunos venezolanos que lo consideran emblemático del pasado corrupto del país.
Betancourt apenas repasaba los 30 años cuando su empresa, Derwick Associates, obtuvo contratos para construir plantas eléctricas para el gobierno de Hugo Chávez, fundador del Estado socialista venezolano.
En la década de 2010, Betancourt adquirió una participación en Petrozamora, una compañía petrolera copropiedad del Estado venezolano e inversionistas rusos. Bajo la gestión de Betancourt, la empresa se convirtió en una de las operaciones de extracción más exitosas de Venezuela.
En 2016, los investigadores estadounidenses comenzaron a indagar en un acuerdo de préstamo realizado en bolívares (la moneda venezolana) a la compañía petrolera estatal PDVSA, el cual fue devuelto en moneda extranjera a un tipo de cambio oficial artificialmente alto.
La investigación, denominada Operación Vuelo de Dinero (Operation Money Flight), condujo a cargos por lavado de dinero en el sur de la Florida contra el primo de Betancourt, Francisco Convit, y otras personas, incluidos funcionarios venezolanos que supuestamente recibieron sobornos para facilitar el esquema, el cual, según los fiscales, ascendió a 1.200 millones de dólares. Varios imputados se declararon culpables.
En 2019, el Miami Herald identificó a Betancourt como un conspirador anónimo en la querella penal contra Convit, un señalamiento confirmado a The Post por fuentes con conocimiento de causa. En aquel momento, Betancourt contrató a Rudy Giuliani, entonces abogado personal de Trump, para que lo representara y argumentara ante el Departamento de Justicia que no debía enfrentar cargos penales, informó The Post. Sale, el abogado de Betancourt, declaró a The Post en ese entonces que su cliente negaba cualquier irregularidad.
Ese mismo año, los fiscales de Zúrich abrieron una investigación por lavado de dinero centrada en los fondos provenientes de préstamos que presuntamente fueron canalizados hacia cuentas bancarias suizas.
En 2024, otro empresario venezolano, Raúl Gorrín, fue acusado por Estados Unidos de participar en el presunto esquema de préstamos. El Departamento de Justicia alegó que Gorrín y otros imputados compraron yates y aeronaves privadas con los fondos obtenidos, gastando parte del dinero en Florida. (Un abogado que representa a Gorrín ha negado en el pasado que su cliente haya cometido irregularidades).
Personas con conocimiento del caso confirmaron que Betancourt figuraba nuevamente como conspirador anónimo. Según un ex fiscal, el Departamento de Justicia decidió no presentar cargos contra Betancourt en parte porque los investigadores no podían vincularlo fácilmente con los Estados Unidos.
Las agencias de la ley federal y los fiscales en Florida continuaron compartiendo pruebas con sus homólogos suizos, de acuerdo con las tres fuentes con conocimiento de las pesquisas.
La relación de Betancourt con el gobierno venezolano se rompió en 2020, después de que el entonces ministro de petróleo del país confiscara su participación en Petrozamora, congelara sus activos domésticos y desplegara fuerzas de seguridad en sus propiedades en Venezuela. Betancourt respondió actuando en contra de Maduro y financiando a la oposición política, según personas familiarizadas con su apoyo en aquel entonces.
A medida que la producción de Petrozamora colapsaba, el gobierno buscó ayuda externa y, en 2023, Betancourt regresó a Caracas desde Europa para sostener una reunión clave con Delcy Rodríguez, entonces vicepresidenta de Venezuela. Tras discusiones en un grupo más amplio de representantes de la industria petrolera, ella mandó a llamar a Betancourt para una conversación privada, indicó una persona familiarizada con el encuentro.
En dicho intercambio, se dice que ella le propuso un trato: si Betancourt ofrecía su experiencia técnica y se comprometía a mantenerse al margen de la política, se le otorgarían nuevas garantías de seguridad y la oportunidad de ayudar a reconstruir Petrozamora, que pasó a llamarse NABEP, según dos personas familiarizadas con la reunión. Sus operaciones fueron asumidas posteriormente por NABEP, la compañía de Betancourt.
También en esa época, en 2023, una investigación venezolana abierta contra Betancourt fue desestimada. Betancourt estaba de vuelta en el negocio petrolero venezolano y nuevamente en el favor del gobierno.
Ingresando en la órbita de Trump
A medida que la administración Trump comenzaba a explorar sus opciones para una Venezuela posterior a Maduro, Betancourt se integró en el círculo.
Ya mantenía una relación con Mauricio Claver-Carone, quien fue director de asuntos del Hemisferio Occidental en el Consejo de Seguridad Nacional durante el primer mandato de Trump y, en su segundo periodo, se desempeñó brevemente como enviado especial para América Latina.
En una entrevista concedida a The Post en mayo, Claver-Carone señaló que Betancourt fue “apoyador y colaborador de la política estadounidense y de sus objetivos” durante la primera presidencia de Trump. Ahora, en el periodo reciente en Venezuela, indicó que Betancourt constituía un “aliado importante”. “Ha sido invaluable para el gobierno de EE. UU.”, afirmó, declinando aportar más detalles.
A pesar de tener prohibido salir del Reino Unido, Betancourt —primero por teléfono desde su finca cerca de Oxford y luego desde su mansión en Londres— pasó a formar parte del círculo íntimo de la administración Trump en lo referente a la industria petrolera venezolana, de acuerdo con personas familiarizadas con su papel.
Se trataba del infiltrado ideal, dotado de una amplia red de contactos que incluía acceso directo a Rodríguez, a PDVSA y, de manera muy relevante, a Vitol, una de las dos empresas de comercialización de petróleo autorizadas inicialmente por EE. UU. para exportar crudo desde la Venezuela post-Maduro.
Betancourt era además una persona cosmopolita, refinada y con un dominio perfecto del inglés.
“La máquina de cajero automático más eficaz desde Venezuela hacia el mundo exterior, y probablemente la más sofisticada, era Alejandro”, comentó una persona familiarizada con su rol. “Tiene un expediente de todo el mundo. Ha hecho negocios con todos”.
Betancourt ayudó a estructurar un acuerdo opaco para otorgar licencias a las comercializadoras de petróleo Vitol y Trafigura para adquirir crudo venezolano con un descuento de 15 dólares por barril, bajo la modalidad de pago anticipado, según tres fuentes familiarizadas con el acuerdo y un contrato revisado por The Post.
Un portavoz de Trafigura indicó que ningún tercero externo tenía interés financiero alguno en sus negociaciones o contrato con PDVSA. Un portavoz de Vitol declinó hacer comentarios.
“Todos ellos vieron de repente el valor de entablar una inusual alianza con el hombre que conocía Caracas al dedillo”, señaló una persona al tanto de la negociación.
En las horas previas al amanecer del 3 de enero —tras la captura de Maduro y su esposa—, Betancourt encadenó una llamada tras otra, según personas familiarizadas con las conversaciones.
Habló directamente con Rodríguez, quien pronto sería proclamada presidenta interina, indicaron las fuentes, incluso antes de que el secretario de Estado Rubio se comunicara con ella para informarle sobre los planes de EE. UU. de “administrar Venezuela”, tal como lo expresó Trump.
“Hubo mucha terapia de por medio”, relató una persona con conocimiento de las llamadas. “Fue una larga noche”.
En dichas llamadas con altos funcionarios de EE. UU., se le advirtió a Rodríguez que, si no acataba las instrucciones, podrían producirse nuevos ataques estadounidenses, tal como lo sugirió posteriormente Trump.
También se le dejó en claro que Betancourt sería un intermediario crucial para relanzar el negocio petrolero del país. Para cualquier asunto relacionado con la industria petrolera nacional, indicó una fuente familiarizada con las discusiones, tendría que coordinarse a través de él.
Intervención de funcionarios de EE. UU.
Poco después, altos funcionarios de EE. UU. comenzaron a presionar a las autoridades suizas para que resolvieran su investigación sin penalizaciones penales y permitieran a Betancourt viajar, incluso a Estados Unidos, señalaron dos personas familiarizadas con el asunto.
A principios de febrero, la entonces fiscal general Pam Bondi conversó sobre Betancourt con su homólogo suizo, Stefan Blattler, según personas con conocimiento de la comunicación.
Por esa misma época, fiscales estadounidenses en Florida que habían dedicado años a los casos de la Operación Vuelo de Dinero se mostraron alarmados al enterarse de que se estaba considerando a Betancourt para un puesto directivo en la industria petrolera de Venezuela, de acuerdo con un ex fiscal federal.
“Estábamos todos desconcertados”, expresó el ex fiscal. “No tenía ningún sentido”.
El 19 de marzo, los fiscales de Zúrich sostuvieron una reunión por videoconferencia con los abogados de Betancourt. En la llamada también participó un fiscal de Florida especializado en casos de corrupción venezolana, según dos personas familiarizadas con las discusiones.
Lo mismo hicieron Blanche, entonces fiscal general adjunto, y Colin McDonald, jefe de la división de fraude del Departamento de Justicia. Blanche reiteró la preferencia del gobierno estadounidense de que se le permitiera viajar a Betancourt y que cualquier resolución del caso evitara sanciones penales, aunque también matizó que no deseaba interferir.
Los fiscales suizos ofrecieron un acuerdo de culpabilidad a Betancourt, pero se negaron a conformarse únicamente con el equivalente a sanciones civiles, de acuerdo con personas familiarizadas con el caso.
McDonald intervino en otras dos llamadas adicionales con los fiscales suizos en marzo, detallaron las fuentes, consultando si Betancourt tendría que ingresar en prisión en caso de declararse culpable, así como los detalles sobre cuándo y hacia dónde podría viajar. El 13 de mayo, los fiscales suizos retiraron su solicitud de extradición al Reino Unido, según el Servicio de Fiscalía de la Corona británica.
Mediante un comunicado, la fiscalía pública de Zúrich indicó que la solicitud fue retirada debido a aspectos de la legislación de extradición británica que declinó detallar, añadiendo que los procedimientos penales en curso contra Betancourt no se veían afectados y continuaban su curso.
También el 13 de mayo, el Departamento de Justicia recibió una solicitud de arresto contra Betancourt por parte de Suiza, de acuerdo con personas informadas sobre la petición.
Aproximadamente un mes más tarde, tras recibir la visa de entradas múltiples por parte de funcionarios estadounidenses, Betancourt viajó a EE. UU. para reunirse con representantes de la administración Trump.
En los últimos meses, Betancourt ha viajado a Estados Unidos al menos en dos ocasiones. Asimismo, ha utilizado aeronaves privadas para trasladarse a Venezuela, incluyendo trayectos partiendo desde EE. UU., según personas familiarizadas con sus desplazamientos y un manifiesto de vuelo obtenido por The Post.
Betancourt resultó fundamental para garantizar una transición “bastante fluida” tras la redada contra Maduro, afirmó una persona con conocimiento de los acontecimientos en Venezuela.
“Las cosas podrían haberse desmoronado con muchísima rapidez”, indicó dicha persona. “A fin de cuentas, el petróleo siguió fluyendo, el crédito continuó operando… no se paralizaron los mercados petroleros globales… el carro no volcó”.
Transcripción del original al español

