NotMid 07/04/2026
MUNDO
Una profunda fractura en la cúpula del poder en Irán ha quedado al descubierto tras filtrarse una agria confrontación entre el presidente Masoud Pezeshkian y los altos mandos de la Guardia Revolucionaria (IRGC). El mandatario acusa directamente a los militares de sabotear cualquier oportunidad de alto el fuego y de conducir al país hacia un desastre económico irreversible.
Un encuentro de alta tensión
Según un informe de Iran International, Pezeshkian mantuvo una reunión inusualmente agresiva el pasado sábado 4 de abril con Hossein Taeb, figura clave vinculada al entorno del líder supremo. Durante el encuentro, el presidente arremetió contra el comandante en jefe de la IRGC, Ahmad Vahidi, y el jefe del comando unificado, Ali Abdollahi.
Pezeshkian denunció que los jefes militares actúan de forma unilateral, lanzando ataques contra infraestructuras en países vecinos que —según su visión— han aniquilado cualquier vía diplomática. La advertencia del mandatario fue tajante: esta escalada dirige a la República Islámica hacia una “catástrofe monumental”.
Ultimátum económico: El reloj de las tres semanas
La disputa trasciende lo táctico para convertirse en una cuestión de supervivencia financiera. Pezeshkian presentó evaluaciones técnicas que indican que la estructura económica de Irán es incapaz de sostener un conflicto prolongado. Bajo el ritmo actual de hostilidades y sin un armisticio inmediato, el sistema financiero nacional podría sufrir un colapso total en un plazo de tres semanas a un mes.
Este debilitamiento de la autoridad civil se refleja en la pérdida de control ejecutivo. La Guardia Revolucionaria ha bloqueado sistemáticamente los nombramientos del presidente, incluyendo su propuesta para el Ministerio de Inteligencia. Bajo la presión de Vahidi, Pezeshkian se ha visto obligado a ceder puestos clave —como la secretaría del Consejo Supremo de Seguridad Nacional— a figuras del entorno militar, consolidando lo que analistas denominan un “Estado oculto” que ha desplazado tanto al gobierno electo como al orden clerical tradicional.
El fin del modelo teocrático
Esta crisis interna coincide con un aparente colapso ideológico del sistema. La opaca designación de Mojtaba Khamenei como sucesor —quien, según informes de inteligencia, se encontraría incapacitado tras los ataques de finales de febrero— marca la culminación de un proceso de militarización total. El aparato de inteligencia militar ha tomado el control, marginando definitivamente al clero.
Con la infraestructura crítica bajo fuego —incluyendo puentes, ferrocarriles y la vital terminal petrolera de la isla de Kharg—, Irán se enfrenta a su hora más crítica. El país se encuentra atrapado entre una economía exhausta y una élite militar decidida a mantener la confrontación a cualquier precio, incluso a riesgo de la desintegración nacional.
Agencias

