Con un balance provisional de 188 muertos y miles de desaparecidos, la emergencia desnuda la incapacidad operativa del Estado tras años de crisis, mientras los ciudadanos rescatan supervivientes con sus propias manos.
NotMid 25/06/2026
IberoAmérica
El infierno en La Guaira: una tragedia anunciada bajo el sello del abandono
“Estábamos en el apartamento, en el piso ocho. De pronto, todo comenzó a temblar con una violencia inaudita. No hallábamos qué hacer; era imposible salir al pasillo. El temblor se me hizo infinito, pero cuando acabó, apenas logré calzarme para bajar. En las escaleras, el horror: gente herida, abuelos, niños sangrando. Todos lograron salir, pero al llegar a la calle nos esperaba la locura. El edificio contiguo se había desplomado y, desde el puente hacia arriba, todo colapsó: el hotel y las estructuras vecinas. Toda la zona costera está derruida”.
Este testimonio, recogido en el edificio Punta Brava de Macuto (La Guaira), resume la pesadilla que comenzó a las 18:04 del miércoles. Fue el epicentro de la enésima tragedia venezolana, desencadenada por dos sismos consecutivos de magnitud 7,2 y 7,5 que golpearon a un país desgastado por 27 años de revolución. Para Kevin Ramírez, un mecánico de 23 años, la supervivencia fue un milagro que pronto se transformó en la visión de una veintena de edificios destruidos a su alrededor.
Un balance desolador
Las autoridades confirmaron este jueves 188 muertos, 1.520 heridos y 2.927 familias damnificadas en 250 estructuras colapsadas. Sin embargo, estas cifras son provisionales y apenas rozan la realidad de una costa que vuelve a ser “zona cero”, evocando los fantasmas del deslave de 1999. Ante el silencio gubernamental y los bloqueos informativos, la sociedad civil ha tomado las riendas, registrando más de 35.000 personas sin localizar a través de redes sociales.
En lugares como Caraballeda, Catia La Mar y Los Corales, la respuesta ciudadana ha sido la única luz frente a un Estado ausente. “Estamos rescatando gente con las uñas, el Gobierno no aparece”, clamaba Leanyer Ramos, un motorizado que acudió desde Caracas para colaborar en las labores de rescate.
La vulnerabilidad como legado
El sismo también golpeó con fuerza a Caracas, dejando cuatro edificios colapsados en Altamira y decenas con daños estructurales graves. La paradoja de este desastre reside en la comparación histórica: mientras la arquitectura de la década de los 60 resistió los embates, las zonas reconstruidas bajo la improvisación de las últimas dos décadas se desplomaron.
La tragedia ocurre en el peor momento posible. Venezuela, un país que alguna vez fue referente en infraestructura, hoy enfrenta el colapso de sus servicios básicos. Protección Civil y los cuerpos de bomberos, desmantelados por la crisis desde 2013, carecen de maquinaria, ambulancias y protocolos. El sistema público de salud, que apenas mantenía operativos cuatro quirófanos por hospital en 2024, se enfrenta ahora a una emergencia para la que no tiene insumos ni capacidad de respuesta.
Lo que comenzó como una celebración de San Juan Bautista en Naiguatá, terminó convertida en una coreografía de gritos y escombros. La naturaleza ha vuelto a golpear con fiereza a una nación cuyas mayores heridas, más allá de las telúricas, son las cicatrices de una gestión que ha dejado al país en una situación de indefensión extrema.
Agencias

