NotMid 19/07/2026
Editorial NotMid
A su suerte. Así se encontraban los venezolanos antes de la tragedia sísmica, y así continuarán mientras sigan en el poder los residuos de una corporación entregada a la destrucción.
Ni siquiera la magnitud del desastre ha sido capaz de despertar en ellos una mínima disposición a gobernar.
El comportamiento de la cúpula es el de siempre.
Delcy Rodríguez solo aparece en escena para capitalizar la ayuda internacional, sonreír ante las cámaras y condecorar a un funcionariado —policial y militar— que permaneció de brazos cruzados, esperando órdenes que jamás llegaron o aguardando a que “otro” asumiera la carga.
Ese “otro”, sin embargo, no fue el Estado; fue el propio pueblo venezolano. A través de un movimiento autónomo y civil, los ciudadanos se crecieron ante el desastre.
Hoy, 25 días después, siguen allí, respondiendo con las uñas frente a la inercia de lo que alguna vez fue una institucionalidad, antes de ser desvalijada por el chavismo.
Del cacareado “nuevo momento” solo van quedando las razones —cada vez más contundentes— por las cuales el trío siniestro debe desalojar el poder de una vez y para siempre.
Su respirador artificial hace magia mediática, pero ya no milagros políticos.

