NotMid 10/09/2026
Opinión NotMid
Mientras las familias de más de 400 presos políticos continúan su vía crucis, los costosos abogados de la “socia-lista” Cilia Flores exigen beneficios procesales para la corrupta combatiente, amparándose en supuestos problemas cardíacos.
Ella y su esposo —los mismos que negaron atención médica y dejaron morir al exgobernador Alfredo Díaz y a Víctor Quero Navas, y que bailaban en tarima mientras sus esbirros asesinaban a jóvenes manifestantes— hoy exigen casa por cárcel.
Seguramente planean mudarse a un piso de lujo en Nueva York, mientras los detenidos en Venezuela mueren de mengua en condiciones infrahumanas.
La indignación alcanza un límite intolerable ante semejante desfachatez.
Este sentimiento se profundiza al conocer los detalles de las atenciones médicas y legales de primer nivel que recibe Flores, en estricto contraste con los dolorosos relatos de miles de rehenes del régimen, como Emirlendris Benítez, el obispo Jurado Farfán o el empresario José Ignacio Moreno.
Expedientes atroces que superan la ficción de cualquier thriller de Netflix.
El futuro judicial de Cilia es incierto, pero hay una certeza inocultable: Delcy la prefiere bien lejos.
De retornar al país, Flores no tardaría en desatar una implacable cacería en su contra.

