NotMid 29/08/2026
EDITORIAL NotMid
El acuerdo petrolero anunciado ayer es una decisión que puede determinar décadas de nuestra historia y requiere una lectura calmada.
Empecemos por lo básico: la destrucción de PDVSA ha sido el acto antivenezolano más grave del chavismo. Nuestro país no podrá recuperarse si mantenemos nuestras enormes reservas en el subsuelo. Es imperativo explotarlas, agregarles valor y comercializarlas, algo imposible de lograr sin una cuantiosa inversión privada extranjera. En ese sentido, este convenio tiene el potencial de reactivar nuestra industria.
Sin embargo, el factor decisivo para que este acuerdo sea duradero es que los venezolanos perciban sus beneficios directos. Si se traducen en empleos, mayor inversión, ingresos sostenidos y un repunte económico real, el pacto contará con el respaldo ciudadano. De lo contrario, el descontento popular se abrirá paso de manera inevitable.
Aquí radica el punto central: la estabilidad y el éxito de la industria petrolera dependen de que esta vez se hagan las cosas bien. Mientras quienes destruyeron el país y PDVSA sigan administrando los recursos generados por este acuerdo, se estará construyendo un rascacielos sobre pilares de barro.
La única vía para reactivar a largo plazo la economía venezolana —garantizando que el acuerdo beneficie a ambas partes— pasa por elecciones libres. Solo un gobierno representativo, respaldado por reglas claras, estado de derecho e instituciones sólidas, podrá asegurar que nuestros recursos se manejen con transparencia y en beneficio genuino de la nación.

