NotMid 24/06/2026
IberoAmérica
Los vientos de cambio en las Américas se han transformado en una tempestad política. La derrota del candidato de Gustavo Petro en Colombia y la inminente confirmación de Keiko Fujimori en Perú —ambos procesos marcados por una polarización extrema— consolidan el bloque que Donald Trump ha bautizado como el “Escudo de las Américas”.
Mientras el mapa sudamericano se tiñe de azul, extendiéndose desde el centro hacia el norte y el Caribe, la “Patria Grande” —aquel proyecto de integración de izquierdas y populismos que evocaba el legado de Simón Bolívar— se desmorona a una velocidad vertiginosa. Desde las presidenciales argentinas de 2023, el bloque ha encadenado derrota tras derrota, evidenciando el desgaste de un liderazgo transoceánico, como el de Pedro Sánchez, que no ha logrado frenar el declive.
Revoluciones emblemáticas, desde el proceso indígena en Bolivia hasta el progresismo chileno o la influencia de los Zelaya en Honduras, han cedido terreno ante propuestas de centro y derecha. Salvo México, Uruguay y el bloque dictatorial de Cuba y Nicaragua, el mapa regional queda a la espera de lo que decida Brasil en octubre, donde Lula da Silva enfrenta el desafío de una derecha populista que busca retomar el poder.
El ocaso de un motor financiero
¿Y Venezuela? El otrora buque insignia del chavismo, motor económico y diplomático de la izquierda regional durante dos décadas, hoy opera bajo el tutelaje de Washington, con nulo interés en las batallas ideológicas del continente. “El 3 de enero marcó una inflexión en nuestra visión de las relaciones internacionales, apostando por retomar caminos diplomáticos con Estados Unidos”, sentenció recientemente la presidenta encargada, Delcy Rodríguez.
Esta ausencia de Venezuela deja a la izquierda huérfana de financiamiento y dirección. Gustavo Petro, quien intentó erigirse como el gran estratega y némesis de Trump, ha quedado debilitado. Según el analista Sergio Ángel, “esta gran alianza iberoamericana se desmorona al perder fortines clave en Chile, Colombia y Honduras. Ya no tienen gobierno ni presupuesto; les urge un proceso de reinvención mientras sus organizaciones tradicionales, como el Grupo de Puebla, pierden relevancia”.
La voz definitiva de la diáspora
La polarización que fractura a las sociedades latinoamericanas ha encontrado en el voto exterior un árbitro decisivo. Tanto en Colombia como en Perú, el sufragio de los emigrantes ha inclinado la balanza hacia opciones conservadoras. “La diáspora parece rechazar sistemáticamente el socialismo del siglo XXI”, explica la ciberconsultora Carmen Beatriz Fernández.
Este fenómeno es un presagio para las elecciones venezolanas de 2027. Con millones de ciudadanos en el exterior y una hoja de ruta marcada por Washington, la brecha entre la oposición democrática y el chavismo amenaza con ensancharse, dejando claro que el futuro político de la región se juega, cada vez más, fuera de sus propias fronteras.
Agencias

